A MI HERMANO ANICETO

La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

PARA ARIANE

Vía Láctea
obstinado relámpago en la noche
terrible soldadura de universo
fulgor fosilizado.

Vía Láctea
hormiguero de hidrógeno remoto
ingrávida culebra de luciérnagas
antigua cicatriz.

Vía Láctea
espinazo de cúmulos e incienso
procesión de temblores diminutos
arañazo de leche

Vía Láctea
empedrado de plata sideral
Nilo copiado arriba muy arriba
pajarera de arcángeles.