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  • VIVA el 1496407324 Permalink |  

    VIVA 

    ADIÓS
    a las estrellas,
    a las nieves,
    y a las flores
    caídas.

     
  • VIVA el 1496236909 Permalink |  

    Lo peor de la resurrección es volver a vivir nuestras necedades.

    Todo lo que hay en el todo, se acaba, menos el todo y los decimales de Pi.

     
  • VIVA el 1496218566 Permalink |
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    59 PRE-TEXTOS FORMALES PARA ESCRIBIR 

    1. Testimonio. Escribir un testimonio para que aparezca en la página de Testimonios.
    2. Cintas fúnebres para citas célebres. Recopilar citas de autores que te gustan y ponerles una cinta fúnebre (enterrarlas simbólicamente).
    3. Guión multimedia. Escribir un guión multimedia, aventura gráfica o juego para internet.
    4. Entrevista personal y capotiana. Escribir y/o contestar una entrevista personal o bien una entrevista capotiana. Ficticia o no. Poética o no.
    5. Literatura Rayuela. Como Cortázar en Rayuela pero también para géneros no narrativos. Aprovechar el hipertexto de internet.
    6. Cartas. Escribir una o varias cartas a un conocido o a una persona imaginaria.
    7. Sinopsis documental. Escribir una sinopsis para un documental.
    8. Guión cinematográfico. Escribir un guión de cine o la sinopsis para un corto, medio o largometraje.
    9. Haikus. Escribir uno o varios haikus. Tratar de escribir un libro de haikus.
    10. Greguerías. Escribir una o varias greguerías. Tratar de escribir un libro de greguerías.
    11. Poema dedicado. Escribir un poema dedicado a una persona especial cercana o admirada.
    12. Poema experiencial. Escribir un poema sobre una vivencia o experiencia especial.
    13. Poema sentimental. Escribir uno o varios poemas sobre los sentimientos propios.
    14. Poema olfativo. Escribir un poema basado en el sentido del olfato.
    15. Poema auditivo. Escribir un poema basado en el sentido del oído.
    16. Poema visual. Escribir un poema basado en el sentido de la vista.
    17. Poema táctil o sensual. Escribir un poema basado en el sentido del tacto.
    18. Poema gustativo. Escribir un poema basado en el sentido del gusto.
    19. Canción pop o folk. Escribir una o varias canciones folk o pop.
    20. Poema satírico. Escribir uno o varios poemas satíricos.
    21. Poema de amor. Escribir un poema de amor.
    22. Poema erótico. Escribir un poema erótico.
    23. Reseña o crítica de un libro. Escribir una o varias reseñas o críticas de libros leídos recientemente.
    24. Monólogo cómico. Escribir un monólogo para “el club de la comedia”.
    25. Relato humorístico. Escribir un historia humorística de tres formas diferentes: narración, guión literario y teatro.
    26. Relato erótico. Escribir un relato erótico desde mi punto de vista y paralelamente desde el punto de vista del amante. Rozar los límites del erotismo y las perversiones reales o imaginarias.
    27. Relato de aventuras. Escribir un relato de aventuras mitológico y otro de aventuras reales y cotidianas. Escribir otro en el que ambas se mezclen.
    28. Relato de terror. Escribir un relato de terror desde un punto de vista científico, religioso, infantil, supersticioso y amoral o ilegal.
    29. Relato policial. Escribir un relato policial paralelo: desde el punto de vista de los “buenos”, desde el de los “malos” y desde un punto de vista ajeno.
    30. Relato fantástico. Escribir tres relatos fantásticos, uno situado en el pasado, otro en el presente y otro en el futuro.
    31. Autobiografías alternativas. Escribir varias autobiografías alternativas situadas en el futuro.
    32. Autobiografía. Escribir una autobiografía con diferentes extensiones: muy breve, breve, media, larga, muy larga.
    33. Biografía real e imaginaria. Escribir una biografía de una persona real y otra de un personaje imaginario.
    34. Cuento dos veces. Escribir el mismo cuento en dos versiones: para un público infantil y adulto.
    35. Relatos paralelos. Escribir un mismo relato con dos tramas paralelas.
    36. La novela imaginaria. Escribir una reseña sobre una novela imaginaria.
    37. La novela que me gusta. Describir una novela que te gustaría leer.
    38. Metáforas y no metáforas. Describir alguna situación, cosa o personaje sin metáforas. Hacer lo mismo con metáforas.
    39. Listas ampliables. Hacer listas ampliables de personajes, situaciones, estilos literarios diferentes a probar, títulos que te gustan, tramas, géneros literarios…
    40. Corriente de conciencia ajena. Escribir lo que creas que le viene a la mente a seis o siete personas totalmente diferentes en una misma situación.
    41. Corriente de conciencia interna. Escribir automáticamente lo que te venga a la mente. Probar en situaciones diferentes.
    42. Describir personajes. Describir seis personajes relacionados. Dedicarle a cada uno más tiempo y palabras. Empezar primero por los más importantes y luego por los menos importantes, o viceversa.
    43. Escribir un relato solo con diálogos. Empezar con un mínimo dos personajes. Ir aumentando los personajes hasta seis o siete.
    44. El relato viajero. Escribir un relato que se desarrolle en un sitio. Escribir el mismo relato desarrollándolo en seis lugares diferentes.
    45. Conversaciones callejeras. Escuchar conversaciones de la vida real. Anotarlas. Ficcionarlas.
    46. Escribir un relato caracol. Escribir un relato cada vez más grande, ampliándolo. Hacer seis iteraciones sobre el mismo, dedicando cada vez más tiempo.
    47. Escribir un relato cada vez más angosto. Escribir seis veces el mismo relato. Cada vez con menos palabras y en menos tiempo. Elegir sólo uno de ellos.
    48. Escribir desde un punto de vista extraño. Un Extraterrestre, Un Objeto, Un Turista, …
    49. Escribir desde el punto de vista del antagonista.
    50. Escribir desde el punto de vista del protagonista.
    51. Escribir desde el punto de vista de un narrador.
    52. Literatura coral. Escribir un texto con otras personas. Pueden ser dos o más personas las que participen. Se puede emplear con cualquier género.
    53. Aleatoria escritura. Escoger doce palabras al azar y escribir algo utilizándolas todas.
    54. La noticia. Escoger una noticia y reescribirla de forma que merezca la pena leerla.
    55. La foto. Escoger una foto y escribir sobre ella.
    56. Interrogar y torturar una idea hasta que “Cante”. Al estilo Al Capone…
    57. Buscar más formas y temas para escribir. Elegir 1 tema de cada 10.
    58. Relato breve. Escribir un relato breve. Ya mismo, ahora, sin más dilación.
    59. Sáltate todas las formas!

    Y AHORA, AÑADE EL TUYO…

     
  • VIVA el 1496189006 Permalink |  

    Una de las cosas más difíciles que pueden hacerse en esta vida es aplicarse el cuento.

     
  • VIVA el 1496063694 Permalink |  

    PANDEMONIA 

    Recuerdo aquel voluptuoso verano del año que pasé viviendo con mi abuelo, en el que se disiparon todos mis problemas. Venus me era favorable y mis uñas abiertas arañaban el día desde el amanecer hasta la tarde. Mis sueños eran azules y yo besaba hasta el centro de las sombras. El calor del sol, el silencio de la ciudad, el color de las sábanas… crepitaban en mi salvaje cabeza, en mis hasta entonces, desiertos pezones, ahora en llamas. La desnudez de las fiestas, las miradas que lo decían todo, mis montes de mujer arrasados por sus manos y sus ojos… han sido sacralizados por mi imaginación y mi memoria para siempre. Yo era aquel verano la Venus de las sombras.

     
  • VIVA el 1495875649 Permalink |  

    MORFEO 

    Hoy he visitado dos casas inhabitables y sus almas vacías. LAS CASAS Y LAS ALMAS.

    La primera es una casa con planta en forma de L que tiene una salida a calles diferentes en cada uno de sus extremos. La casa tiene innumerables habitaciones y pasillos que forman un laberinto difícil de recordar. Hay estancias secas y oscuras pero también las hay húmedas y luminosas, con patios interiores soleados o lluviosos. Sus dos fachadas son viejas y resquebrajadizas. Una de ellas da al campo y se sale por un rústico y viejo portón de madera. La otra fachada da a una calle de ciudad de provincias y su puerta es de madera o hierro, según los días, aunque es de una apariencia mediocre. Es incómodo vivir en ella porque está casi vacía de muebles, desconchada y polvorienta. Tan solo una pequeña parte se usa. El resto es visitada ocasionalmente por dos de los tres moradores: padre, madre e hija. Únicamente la niña recorre con frecuencia los lugares más alejados e inhóspitos y conoce todos sus rincones y laberintos. El padre solo se atreve a recorrerla con su hija por miedo a perderse, aunque se siente atraído por sus enormes posibilidades y le agradan especialmente esos abandonados jardines y patios con galerías acristaladas a los que llega la luz y las nubes. La madre no sale nunca de los dos o tres cuartos principales que dan a la ciudad.

    La segunda casa es redonda y alta, con forma de cúpula y una indescriptible arquitectura de estancias interiores. La cúpula está recubierta por una única y continua estantería de libros imposibles de alcanzar ni leer. Nada tiene una función concreta en este alojamiento: se puede dormir, cocinar o bailar, de forma indiferente, en cualquiera de sus múltiple rincones. Aunque hay muros, vigas y escaleras… la separación entre espacios nunca es total ni resulta evidente. A veces se tiene la sensación de que los elementos arquitectónicos cambian a capricho y con desasosiego para algunos de sus habitantes y visitantes. Otros, en cambio, parecen acostumbrados a los cambiantes designios de la mansión. No se sabe si los vanos exteriores son puertas o ventanas. Por cualquiera de ellos se puede entrar y salir. Incontables personas, cada cual más extraña, entran y salen continuamente. Hay gente que vive allí siempre, en su recodo imposible y otros que entran tan solo a curiosear y marcharse. Se cuentan por centenas los cachivaches inútiles que la adornan y a los que los habitantes intentamos encontrar una utilidad para satisfacer una perentoria necesidad del momento: freír un huevo frito con un disco; oler las noticias en un tintero; escuchar música con unas gafas sin cristales; fabricarnos un reloj digital con una caja de cuchillas de afeitar o un smartphone con lo que parecen las pastillas de freno de un coche.

     
    • Álamos de viento el 1495918558 Permalink

      ¡Me ha fascinado la descripción de estas dos casas! Espero que publiques más de “Las casas y las almas”! (Un título estupendo, por cierto.) Abrazote y feliz fin de semana <3

    • VIVA el 1496000028 Permalink

      Ojalá!

    • bsosa1964 el 1496231040 Permalink

      Una buena narración.

    • VIVA el 1496246276 Permalink

      Gracias

  • VIVA el 1494924100 Permalink |  

    LO MÁS VITAL 

    Ni los pésimos, ni los excelentes, ni los mejoradores sobreviven; sobreviven los vitalmente adaptables, y no por mucho tiempo. Eso, si tienen suerte y no tropiezan con un excelente, un pésimo o un mejorador. Las sociedades están compuestas mayoritariamente de un tipo dominante de individuos vitalmente adaptables a su entorno y has de ser uno de ellos o hacerte pasar por tal si no lo eres. Vivir es continuar adaptándose o morir, ser triturado y reusado por el todo. Este mismo darwinismo social es el que acaba destruyendo a las sociedades humanas en las que domina un concepto ideal de mejora, un ideal absoluto y no dependiente del entorno, que es vitalmente cambiante. El ideal, los ideales, son, por tanto, las heridas y cicatrices que acaban matando a sociedades e individuos. Pero tal vez estoy equivocado, y esta idea, ya vieja, es también un ideal. Las ideas que parecen inmutables quizás lo son porque están talladas en millones de mentes.

     
  • VIVA el 1494498855 Permalink |  

    MI EPOPEYA RÚSTICA 

    Nací a las 12 de la noche de un 29 de marzo de 1964, en el oratorio de la Casa grande o Casa de los Manrique. Un oratorio o capilla de la casa solariega de Rodrigo Manrique, en la que su hijo, Jorge, vivió su feliz luna de miel, y que en mi época había sido mancillado, convirtiéndolo en el dormitorio principal de una parte de la casa, que ahora era una corrala de vecinos, de la que mi abuela materna era propietaria de una cuarta parte de la misma.
    Nací pues en un pueblo de La Mancha que había recibido sucesivamente el nombre de Belmontejo de la Sierra, Belmonte y finalmente Villa de Los Manrique o Villamanrique. Un pueblo que, en pleno siglo XX, aún permanecía en la Edad Media. En una época más degradada y mísera aún que aquella debido a los estragos de la postguerra española. En la más oscura y profunda España, católica, apostólica y romana, en un lugar de La Mancha, entre la Sierra de Alcaraz y Sierra Morena, de la que me acuerdo con más nubes que claros. Una tierra en donde los maquis y los bandoleros seguían siendo un tema de conversación habitual. En donde las historias de la guerra civil aún estaban vivas y no habían cicatrizado. En donde la pobreza y la roña eran aceptadas como lo más natural del mundo. Un mundo donde no era difícil encontrarse con quinquis, latoneros, familias de cíngaros ambulantes y gitanos sedentarios. Una tierra de paso, el natural entre Andalucía y la Mancha, llena de caminos polvorientos, de repoblación y despoblación, en la que también había “jaros” procedentes de Europa que Franco había traído para “repoblar” y hasta viejos bandoleros de Sierra Morena. En fin, una honrada y leal villa de la España franquista, a la que no llegó la guerra pero sí sus rencillas, enfrentamientos y consecuencias. Un lugar de paso, en el que nunca nadie ha querido permanecer durante mucho tiempo, un territorio sin raíces y sin historia. Un paso fronterizo durante siglos entre moros y cristianos. Una tierra periférica dejada de la mano de cualquiera que por allí pasase, incluidos Don Quijote y Santa Teresa. Una comarca de soles, vientos y piedras oxidados y olvidados, sin más novedades que las pasajeras y aventureras nubes.
    De mi familia paterna sé, según contaba mi padre, que procedía de Andalucía. El primer Alfaro que, según él, había llegado al pueblo era el llamado Abuelo Carbonero, un hombre, al parecer, listo y emprendedor que debió hacerse con una buena cantidad de tierras serranas, vírgenes y sin roturar, que mi familia paterna fue convirtiendo en olivares a lo largo de varias generaciones. Yo mismo me enorgullezco de haber participado junto con mi padre en esa epopeya familiar, en esa conversión de una sierra pedregosa, pobre y arisca en productivos y ordenados olivares, plantando, mano a mano con mi padre, 300 olivos, quizás los últimos 300 que se han plantado ya en la familia. Yo por lo menos no pienso plantar más. A los catorce años se acabó mi rural y bucólica epopeya. Yo también estaba allí de paso. De paso hacia ningún sitio.

     
  • VIVA el 1493821508 Permalink |  

    Sólo la música entiende al corazón.

     
  • VIVA el 1493575183 Permalink |  

    A Vicen 

    La vida tiene unas reglas que no son las tuyas, hay que aceptarlas si quieres jugar la partida. Perdemos y echamos la culpa a las reglas, queremos cambiarlas porque vamos perdiendo, pero eso es imposible: las reglas no las decides tú. Las reglas están preestablecidas y todos los que van ganando las aceptan y no están dispuestos a cambiarlas, harán lo que sea para mantenerlas. Y además son muchos los que juegan sin darse cuenta que juegan las reglas que otros establecieron antes, normalmente ya muertos, y que las darán por sentadas, sin plantearse más allá, ni siquiera piensan que pueden ser cambiadas. Podemos, sí, contribuir a cambiarlas pero en una medida muy pequeña. Todos queremos cambiar algo y no es fácil ponerse de acuerdo. Lo que es seguro es que no serán tus reglas exclusivas las que se impondrán. De nuevo los que van ganando se imponen más que los que van perdiendo, es parte del premio y la satisfacción del triunfador, es parte de su ganancia. A veces crees que la gente hace trampas, y hay gente que realmente hace trampas, es parte de la mala fe de la gente, perder es duro y nadie se resiste a perder. Así que nos encontramos atrapados en un juego que no nos gusta porque vamos perdiendo. Un juego en el que no es fácil cambiar las reglas, todo un entramado social conspira para mantenerlas y reproducirlas. Un juego muy serio, el de la vida, el de nuestra vida, jugado por todos los actores que conocemos: los hijos, los padres, los hermanos, la pareja, los “ex”, los amigos, los compañeros, los jefes, los agoreros, los gurus de la tribu, el consejero psicológico, el médico, el cura del barrio, los políticos, el gobierno, la prensa, la policía… y toda esa gente que se cruza alguna vez con nosotros diciéndonos lo que tenemos que hacer en la vida, con nuestra vida. Al final todos ellos contribuyen a crear en nosotros unas expectativas de lo que “debe ser” nuestra vida, cómo se vive, cómo se triunfa, cómo se gana la partida, cómo se trabaja, cómo se ha de cuidar de los hijos, cómo debemos o no debemos comportarnos, y hasta cómo hay que limpiar el polvo y las veces que hay que hacerlo, etc. etc. etc. Establecen los patrones por los que nos debemos no sólo guiar, sino también por los que nos tenemos que medir, valorar, examinar, los valores que hacen de nosotros unos ganadores o unos perdedores, unas buenas o malas personas, gente bien o gente mal, gente guay o gente chunga. Buen panorama… desolador ¿no?
    Pero ahora llega el momento de plantearse algunas cosas. ¿Qué me pasa? Yo he cumplido con todas las reglas, no he hecho trampas, he jugado limpiamente, ¿Por qué no me corresponde premio? ¿Por qué no me valoro como dicen las reglas? ¿Por qué me considero fracasada? ¿Qué pasa aquí? Esto es injusto, ¿no? Pues sí, de eso se trataba de jugar. Y has perdido (¿Has perdido?). O lo aceptas o no lo aceptas. O juegas o no juegas. ¿Quieres seguir jugando? Hagan juego señores. Otra partida. O no.
    ¿Es posible jugar a un juego en el que no perdamos? ¿Qué juego es ese? ¿Cómo se juega? ¿Con quién se juega? ¿Se juega solo? Yo también quiero saberlo. El que primero lo descubra que nos lo cuente.

     
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