Resultados de la búsqueda para: torea Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • VIVA el 1295267892 Permalink |  

    Vitacorear es mejor que vitorear… 

    Vitacorear es mejor que vitorear…

     
    • nena el 1295268207 Permalink

      Depende de lo que haya que vitorear, o a quien haya que vitorear.

  • VIVA el 1292845026 Permalink |  

    Y aún no hemos empezado a torear el invi… 

    Y aún no hemos empezado a torear el invierno..!

     
    • Deborah el 1292848850 Permalink

      Si debe estar por aquí el niño de la mancha, conocido por capear temporales

    • Calderero el 1292849947 Permalink

      ese no capea ni un vaso de agua!

  • VIVA el 1290518669 Permalink |  

    CORA 

    Estoy toreando una patata brava.

     
    • cora el 1290518785 Permalink

      la rejoneo con el palillo y sangra tomate.

    • cora el 1290519407 Permalink

      qué crueles somos los vegetarianos!

    • piti el 1290546242 Permalink

      La sangre del tomate es de cine!

    • Deborah el 1290554117 Permalink

      Lo estoy viendo: Aniceto, el Niño de la Mancha (que no del lamparón)

  • VIVA el 1187007934 Permalink |
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    Julio Skarmenti 

    Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
    Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

    —Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

    Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.

    Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.

    El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

    Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula.

    A pesar de su empecinamiento, la mula sabía hacer su trabajo con el más esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorría las más importantes plazas y calles del lugar, lo cual permitía a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y latón- su maravilloso y único espectáculo en el mundo. Espectáculo en el que todos tenían su papel asignado, desde la cabra, que no sólo daba leche a la familia sino también conciertos de pedorretas al público congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quimérica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantalón de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse oídos sordos pues su estertor era fácilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en más de una ocasión entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

    Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

    Caminó entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas pétreas estuvieran abandonadas a la intemperie. Pequeñas veredas se bifurcaban, dándole la oportunidad de sentir la náusea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sentía que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tomó el amplio paseo que conducía a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentación de caminar bajo su sólido y único arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes oía a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofrío, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspondía, recorría su cuerpo. […]

     
    • boscour el 1187065528 Permalink

      Esto merece un largo, muy largo desarrollo. Buenísimo.

    • Ahasvero el 1187214384 Permalink

      Puede continuarse… :lol:

    • boscour el 1187227332 Permalink

      …que muy seria, como si reconociese por adelantado no sólo haber elegido el camino correcto hacia el escenario donde estaba escrito que se desarrollara el próximo capítulo del destino de los Skarmenti, sino el argumento mismo de dicho futuro familiar.
      Julio compartía con la mula ese secreto que los demás apenas sospechaban lo suficiente como para no contradecir las manifiestas y tercas intenciones de la mula que, llegada a cada bifurcación de los caminos, tendía a desviarse más y más hacia los altos montes donde los últimos escitas escondían aquellos juegos de piedras gastadas por el manoseo a que eran sometidos en procura de torcer el sempiterno veredicto. Todavía faltaba mucho, pero el muchacho y la mula sabían que se estaban aproximando. Faltaban los diluvios del hondo valle entrevistos en los sueños repetidos, donde y cuando las bestias se enterrarían hasta los cuartos y las carretas hasta los ejes. Faltaba pasar por el ataque de las manadas de perros cimarrones enfurecidas por el hambre. Faltaba todavía atravesar aquel desierto extrapolado de antiguos mapas manuscritos, donde el agua tornaríase en sangre y el sol se clavaría en un perenne cenit de plomo derretido. Por no más que mencionar algunas cosas de las tantas que faltaban ocurrir antes de terminar la actual jornada, La última luminosa.

    • Ahasvero el 1187721573 Permalink

      en una jornada piensas liquidarte el muy, muy largo desarrollo?

    • boscour el 1187740856 Permalink

      No sería para tanto pero puedo afirmar como testigo inoportuno que he sido, que harto trabajo le daba a Julio Skarmenti extrer de entre sus ropas y desarrollar ante los ojos de la golosa mula la desproporcionada probostide inguinal que la naturaleza y tal vez la suerte, le habían regalado. No otro era el motivo que llevaba a la jumenta a arrastrar a Julio hacia los más apartados bosques, los más solitarios valles y en fin cualquier lugar donde pudiera esperar tranquila el desarrollo de los acontecimientos.

  • VIVA el 1158544347 Permalink |  

    Musgo torero 

    Cuando el tronco del árbol se pone capote se prepara para torear al invierno.

     
  • VIVA el 1157501500 Permalink |
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    Lo de reciclar está muy bien especialmente si… 

    Lo de reciclar está muy bien, especialmente si no soy yo el niño que rebusca en el estercolero:

    Toreando el invierno
    sombra desterrada,
    hora del duelo,
    el mejor momento del día
    último estiércol
    que arroja el mar.

     
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