El kyinooka es un estilo poético inventado por…

El kyinooka es un estilo poético inventado por mí que consiste en combinar N versos en poemas de 5 versos.
Ello genera una cantidad de variaciones igual a n(n-1)(n-2)(n-3)(n-4).
Actualmente mi n=185, lo que genera 205.206.259.440 posibles poemas.
Qué los disfrutéis!!

tilo

He repasado sistemáticamente la información disponible. No es suficiente. Este método puede fallar también. Hay que tenerlo presente y utilizar alternativas.

59 PRE-TEXTOS FORMALES PARA ESCRIBIR

  1. Testimonio. Escribir un testimonio para que aparezca en la página de Testimonios.
  2. Cintas fúnebres para citas célebres. Recopilar citas de autores que te gustan y ponerles una cinta fúnebre (enterrarlas simbólicamente).
  3. Guión multimedia. Escribir un guión multimedia, aventura gráfica o juego para internet.
  4. Entrevista personal y capotiana. Escribir y/o contestar una entrevista personal o bien una entrevista capotiana. Ficticia o no. Poética o no.
  5. Literatura Rayuela. Como Cortázar en Rayuela pero también para géneros no narrativos. Aprovechar el hipertexto de internet.
  6. Cartas. Escribir una o varias cartas a un conocido o a una persona imaginaria.
  7. Sinopsis documental. Escribir una sinopsis para un documental.
  8. Guión cinematográfico. Escribir un guión de cine o la sinopsis para un corto, medio o largometraje.
  9. Haikus. Escribir uno o varios haikus. Tratar de escribir un libro de haikus.
  10. Greguerías. Escribir una o varias greguerías. Tratar de escribir un libro de greguerías.
  11. Poema dedicado. Escribir un poema dedicado a una persona especial cercana o admirada.
  12. Poema experiencial. Escribir un poema sobre una vivencia o experiencia especial.
  13. Poema sentimental. Escribir uno o varios poemas sobre los sentimientos propios.
  14. Poema olfativo. Escribir un poema basado en el sentido del olfato.
  15. Poema auditivo. Escribir un poema basado en el sentido del oído.
  16. Poema visual. Escribir un poema basado en el sentido de la vista.
  17. Poema táctil o sensual. Escribir un poema basado en el sentido del tacto.
  18. Poema gustativo. Escribir un poema basado en el sentido del gusto.
  19. Canción pop o folk. Escribir una o varias canciones folk o pop.
  20. Poema satírico. Escribir uno o varios poemas satíricos.
  21. Poema de amor. Escribir un poema de amor.
  22. Poema erótico. Escribir un poema erótico.
  23. Reseña o crítica de un libro. Escribir una o varias reseñas o críticas de libros leídos recientemente.
  24. Monólogo cómico. Escribir un monólogo para “el club de la comedia”.
  25. Relato humorístico. Escribir un historia humorística de tres formas diferentes: narración, guión literario y teatro.
  26. Relato erótico. Escribir un relato erótico desde mi punto de vista y paralelamente desde el punto de vista del amante. Rozar los límites del erotismo y las perversiones reales o imaginarias.
  27. Relato de aventuras. Escribir un relato de aventuras mitológico y otro de aventuras reales y cotidianas. Escribir otro en el que ambas se mezclen.
  28. Relato de terror. Escribir un relato de terror desde un punto de vista científico, religioso, infantil, supersticioso y amoral o ilegal.
  29. Relato policial. Escribir un relato policial paralelo: desde el punto de vista de los “buenos”, desde el de los “malos” y desde un punto de vista ajeno.
  30. Relato fantástico. Escribir tres relatos fantásticos, uno situado en el pasado, otro en el presente y otro en el futuro.
  31. Autobiografías alternativas. Escribir varias autobiografías alternativas situadas en el futuro.
  32. Autobiografía. Escribir una autobiografía con diferentes extensiones: muy breve, breve, media, larga, muy larga.
  33. Biografía real e imaginaria. Escribir una biografía de una persona real y otra de un personaje imaginario.
  34. Cuento dos veces. Escribir el mismo cuento en dos versiones: para un público infantil y adulto.
  35. Relatos paralelos. Escribir un mismo relato con dos tramas paralelas.
  36. La novela imaginaria. Escribir una reseña sobre una novela imaginaria.
  37. La novela que me gusta. Describir una novela que te gustaría leer.
  38. Metáforas y no metáforas. Describir alguna situación, cosa o personaje sin metáforas. Hacer lo mismo con metáforas.
  39. Listas ampliables. Hacer listas ampliables de personajes, situaciones, estilos literarios diferentes a probar, títulos que te gustan, tramas, géneros literarios…
  40. Corriente de conciencia ajena. Escribir lo que creas que le viene a la mente a seis o siete personas totalmente diferentes en una misma situación.
  41. Corriente de conciencia interna. Escribir automáticamente lo que te venga a la mente. Probar en situaciones diferentes.
  42. Describir personajes. Describir seis personajes relacionados. Dedicarle a cada uno más tiempo y palabras. Empezar primero por los más importantes y luego por los menos importantes, o viceversa.
  43. Escribir un relato solo con diálogos. Empezar con un mínimo dos personajes. Ir aumentando los personajes hasta seis o siete.
  44. El relato viajero. Escribir un relato que se desarrolle en un sitio. Escribir el mismo relato desarrollándolo en seis lugares diferentes.
  45. Conversaciones callejeras. Escuchar conversaciones de la vida real. Anotarlas. Ficcionarlas.
  46. Escribir un relato caracol. Escribir un relato cada vez más grande, ampliándolo. Hacer seis iteraciones sobre el mismo, dedicando cada vez más tiempo.
  47. Escribir un relato cada vez más angosto. Escribir seis veces el mismo relato. Cada vez con menos palabras y en menos tiempo. Elegir sólo uno de ellos.
  48. Escribir desde un punto de vista extraño. Un Extraterrestre, Un Objeto, Un Turista, …
  49. Escribir desde el punto de vista del antagonista.
  50. Escribir desde el punto de vista del protagonista.
  51. Escribir desde el punto de vista de un narrador.
  52. Literatura coral. Escribir un texto con otras personas. Pueden ser dos o más personas las que participen. Se puede emplear con cualquier género.
  53. Aleatoria escritura. Escoger doce palabras al azar y escribir algo utilizándolas todas.
  54. La noticia. Escoger una noticia y reescribirla de forma que merezca la pena leerla.
  55. La foto. Escoger una foto y escribir sobre ella.
  56. Interrogar y torturar una idea hasta que “Cante”. Al estilo Al Capone…
  57. Buscar más formas y temas para escribir. Elegir 1 tema de cada 10.
  58. Relato breve. Escribir un relato breve. Ya mismo, ahora, sin más dilación.
  59. Sáltate todas las formas!

Y AHORA, AÑADE EL TUYO…

EL INTELECTUAL REPARTE PAN CON UN BURRO

Me pareció que algo grave estaba pasando, mi abuelo, el intelectual, el culto, el ser extraordinario, ahora repartía pan por las calles con un burro con aguaderas. Algo no cuadraba. Mi madre me contó que ahora el abuelo tenía otro trabajo. Ya no trabajaba para él en la tienda. Trabajaba para el panadero del pueblo, repartiendo pan. Algo no me gustó de aquello pero mi abuelo me dejó subir al burro y dar una vuelta. Él parecía triste y contento a la vez. Ahora recuerdo perfectamente su cara con esa gafas redondas que aún conservo, y su aspecto enjuto, y su cuello arrugado de arriba a abajo, con una camisa blanca, pantalones de pana negra y un chaleco de rayas , vestido al estilo más rural de los campesinos y no con su traje y su corbata como siempre había vestido. O con su estilo de trabajo aunque más aseado y señorial de tendero de pueblo, con su librea de despacho de ultramarinos.

Reconociendo una poca para amar y compartir que no debería ser una época nada mas si un estilo de vida.

La foto

La foto en blanco y negro está firmada por René Berger en 1942. Un atractivo hombre de alrededor de 40 años de edad dirige su mirada escrutadora al objetivo. En sus hundidos ojos se advierte una mirada profunda e incisiva de águila. Apenas es posible adivinar su atuendo, tan sólo es visible el cuello de una camisa a cuadros de estilo rústico. Por lo demás el hombre tiene unos marcados rasgos. Mentón anguloso y barbilla partida. Unos labios finos y bien dibujados están enmarcados en el doble paréntesis de sus comisuras y de sus mentones, también partidos y obscurecidos por la barba descuidada de un día. Una amplia frente deja paso a dos entradas no excesivamente pronunciadas que se internan hacia su negro, liso y abundante cuero cabelludo cuyos mechones parecen formar una fuente. La nariz es recta con un potente puente nasal que encaja como una cuña en la frente. El ceño está al límite de ser fruncido manteniendo sus cejas horizontales, como en tensión. Unas ojeras no muy marcadas subrayan sus profundos ojos negros. Cuando vuelvo de nuevo la mirada hacia él la suya ha dejado de ser incisiva y tiene un aire quizás más triste y melancólico. Al reverso de la foto una inscripción congela mi sangre: “Death Can Come True”.

James Joyce (1882-1941)

Con Ulysses (1918) James Joyce es sin duda el creador no sólo de la stream of consciousness –que ya había iniciado en A Portrait of the Artist as a Young Man (1916)– sino también de la novela contemporánea en toda su extensión y su fuerza. Joyce revoluciona la narrativa introduciendo de forma innovadora el realismo psicológico y el tiempo subjetivo. Obra difícil donde las haya, no sólo por sus numerosas referencias a toda una cultura libresca sino también por su estructura de nueva e irónica Odisea y su emulación de los más variados estilos literarios, requiere más de una lectura y más de una perspectiva en cada una de ellas para poder ser asida en toda su complejidad.

A Portrait of the Artist as a Young Man (1916) un magistral (auto)retrato psicológico del joven poeta Stephen Dedalus –preámbulo del más maduro del Ulysses— hubiera bastado para elevar a J.J. al olimpo de los escritores contemporáneos. Monólogo interior de sentido profundamente irónico, no dejó a su autor suficientemente satisfecho en la búsqueda de su estilo propio y experimental que llevó hasta sus últimas consecuencias en la novela del autor más controvertida por la crítica, Finnegans Wake, comenzada en 1923 y publicada definitivamente en 1939.

ALFONSO TIPODURO

Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

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