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  • VIVA el 3May Permalink  

    NEFASTISSIMUS (CANTA) 

    VÓMITO DE LOS SUEÑOS ROTOS
    (Milonga de mil once versos)

    la grácil mariposa
    sobre mi manta
    un gusano de viaje
    estupor y temblores
    donde los ciegos ven
    vomitando las horas
    en el cristal del lago
    nacen los cisnes
    pálido instante
    persiguiendo quimeras
    como la luna llena
    tumulto de tinieblas
    suena corriente
    olor de la locura
    sin más remedio
    beso febril ahora
    ola que besa el sol
    en cielos de lavanda
    tarde y tierra mojada
    desnudo de mi cuerpo
    hasta caer dormidos
    ando por esta casa
    contra los cuerdos
    hasta la madrugada
    con viento fresco
    por el sendero
    la vida no es rosa
    entre tus labios
    contra las cuerdas
    junto al enebro
    dormido en ella
    corriéndose contigo
    luces de Orión
    sueño del paraíso
    escondida en la hierba
    de pétalos caídos
    opalescente espectro
    pupila de mujer
    afilando los cipreses
    fauces malditas
    horizonte abrasado
    arrabal de tristeza
    un saco de huesos
    noche oxidada
    calle en abril
    de cristales rotos
    el nácar irisado
    en cielo mestizo
    lleva el río destellos
    oculto en la sentina
    pájaro o mosca
    ascua al ocaso
    flanqueando las sendas
    encaramado al muro
    en cielo de invierno
    de arroyo peregrino
    mientras muere el rocío
    somnoliento rincón
    el sol entre las frondas
    donde el fulgor vacila
    se sumerge en el magma
    apestando a cadáver
    vete a paseo
    el silencio no cesa
    misteriosamente
    por las orillas
    la blanca mariposa
    de negras margaritas
    flores níveas de jara
    triste olor de jazmín
    enjaula al loro
    sin sol ni luceros
    entre amapolas rojas
    reloj de arena
    verdinegra campana
    sin cuentos macabros
    la mañana descalza
    la lira libertaria
    no llores más, verano
    sueño en la almohada
    se viste de mujer
    plañe entre algodones
    como horrible batracio
    retrato de una dama
    un billón de haikus
    bombea los sueños
    rebelión en las olas
    pez muerto que arroja el mar
    otros pescan con ancla
    viene la oscura noche
    con viento a favor
    lágrimas o estrellas
    una estela en el agua
    mendigo del otoño
    tu te desnudas
    espanta el ruin señor
    en duermevela
    alondra en primavera
    invierno en la ladera
    por cuestas metafísicas
    nos devuelve el infierno
    reverdece el olivo
    en el arroyo cristalino
    nocturno y frío
    pétalos flotando
    traqueteo del tren
    trenza y espiga
    en mi adelfa del olvido
    se ahoga mi recuerdo
    luna en enaguas
    gritan las grullas
    ante la vieja escuela
    ante la nueva tumba
    curvas y caderas
    desde mi cielo
    la catedral del céfiro
    hacia rutas salvajes
    frente al espejo
    la larga oruga
    perfume del cierzo
    con el infierno
    frente a frente
    de fotos y poesía
    suelto el cabello
    hora del duelo
    lugar de lo prohibido
    agonizo en sus hojas
    es pronto todavía
    de so boba y modorra
    sueño sin rumbo
    fumando Giuba
    venus de ébano
    mi blanca majada
    con negros lagrimones
    con fondo rosa chicle
    meteóricas luces
    columpio en el vacío
    hacia la inmensidad
    debajo del sombrero
    recuerdo de mujer
    de luna se tiñe
    bajo la misma estrella
    sol de himeneo
    muestra su encanto
    beso eléctrico
    pez de mi anzuelo
    hornacinas vacías
    la memoria del viento
    anegando los sueños
    sabio en palabras
    cierra los ojos
    es lo que tejo
    no importa lo que pase
    resaca de orgías
    después del terremoto
    sigilo de otros tiempos
    veneno en tus labios
    la noche del oráculo
    envejece deprisa
    bandada en azul
    sólo cadáver
    gato encerrado
    al mirar el cielo azul
    el clavel de tu boca
    no alumbra la noche
    la gente está loca
    judío errante
    por peldaños de hielo
    de azul cobalto
    lavar por separado
    este cantamañanas
    dijo el judío errante
    pequeñas baratijas
    tirando por lo alto
    dentro de la cabeza
    decapitado tulipán
    largos periplos
    arrastrando mi bruma
    crepúsculo de hoy
    tu vertical sonrisa
    esa lluvia dorada
    bagatelas del alma
    voluptuosa y añil
    simplifica tu vida
    ola tras ola
    rosas al viento
    cuando cae la flor
    se estremece un lucero
    de buena musa
    con bandera pirata
    con los abrazos llenos
    risa de estrella
    pero tiene suerte
    el futuro es espera
    ahora suelto amarras
    camino sin fin
    yo te adoraba
    vacilante candil
    sin darse cuenta
    extraño efluvio
    un corazón flamenco
    huelga de muertos
    todas las horas
    he salido a verte
    melancólica tarde
    praderas olvidadas
    de infancia evocadora
    de brasas decorado
    melodías de la calle
    humareda escarchada
    valles de plata
    como el abismo
    levántate y anda
    perdonando el olvido
    cantar de grillos
    se confabulan
    de vez en cuando
    como muñecas rusas
    nuestro tesoro
    instante eterno
    ayer, hoy y mañana
    risueño mediodía
    arpa de lluvia
    es transitorio
    mendigo de tus labios
    un círculo vicioso
    se suelta el pelo
    huellas en el mar
    tiempo y silencio
    estrellas que no lloré
    el paso de los días
    oda que me insinúa
    con pies de plomo
    reza y sigue remando
    cada momento
    es lo que vivo
    tus ojos son la noche
    del amigo invisible
    más bien de paja
    sin desperdicio
    quizás reflejo salvaje
    sobre sus manos
    sangre caliente
    corazón en tinieblas
    no oigo su silencio
    su cuajada celeste
    hombre de arena
    el llano en llamas
    el viejo y el mar
    la senda del perdedor
    otra vuelta de tuerca
    eyaculando letras
    lo que da cuerda al mundo
    el ruido y la furia
    canta el ruiseñor
    espuma de los días
    la campana sonora
    salvo en recuerdos
    con los versos dorados
    de verde primavera
    nuevo solsticio
    su mano vacía
    las niñas de tus ojos
    de caos lacaniano
    mis besos sueñan
    plateando París
    nadie te hiere ya
    bailo charlestón
    un dulce sueño
    cada tarde se nace
    se desmaya en el cielo
    escombros de la luna
    caza los astros
    vísteme a besos
    aventando los sueños
    parece noche quieta
    meandro intestinal
    risa sin tregua
    de ojos saltones
    estoy de nuevo aquí
    vuelo sin alas
    cada peldaño
    linde del aire
    vistiendo con sus cueros
    sueños del mundo
    sigue viviendo
    este lirio de pobreza
    de mi eterna juventud
    con esta cara
    bosteza rosas
    es lo que nos conecta
    olor de jazmin
    tarde de mayo
    mendigando la lluvia
    estrellas o vilanos
    estrellas y limones
    hoy me vino a la mente
    suspiro frenético
    un vergel de pasiones
    un mar de espuma
    es polvo enamorado
    primer mordisco
    el ruido de las olas
    se perdió en la neblina
    creo sin embargo
    de un árbol altivo
    con mi cayado
    cadáver del pasado
    salvo el crápula
    ninguna prisa
    viendo algo nuevo
    se sume en el silencio
    donde bebo mi absenta
    perdiendo el norte
    un puñado de polvo
    volando viene
    beso tras beso
    las rondas de tu vida
    ya es historia
    de negro brillante
    metido en poemas
    cuando alguien pase
    de andar errante
    ola que te adormece
    vals de la tarde
    en el mismo añil
    ciruela de abril
    el zapato de cristal
    jaula de miriñaque
    mata tus miedos
    flor de cerezo
    la innoble rana
    no hay golondrinas hoy
    un cuco alegre
    mi magdalena killer
    perfume de la higuera
    sigue jugando
    entre tilos esbeltos
    haciendo chup chup
    mas sin buscarte
    setas del chopo negro
    flores de almendro
    ola que canta y llora
    despoja sus heridas
    el niño muerto
    por el agua que llora
    deshoja margaritas
    lirio del valle
    sauce rastrero
    quizás como una ortiga
    desde el delirio
    del otro lado
    podrá parecer
    quimeras insensatas
    el primer amor
    contando ovejas
    charco de orina
    en cierto derrotero
    en otra dimensión
    ni a la certera muerte
    llueve o llora
    con sueños infantiles
    pies por el fango
    de lejanos cipreses
    se ríe de la muerte
    la quietud hecha esfinge
    un doblar de campanas
    en bandada de letras
    el ópalo de fuego
    sobre el agua turbia
    oh solitaria encina
    rema suspiros
    botón de nácar
    rizando el aire
    ni el aire, ni las hojas
    por el aire aventado
    noria de estrellas
    párpado de la noche
    donde masca el silencio
    rincón de pensar
    como fruto prohibido
    las verdes huestes
    amanece mojado
    por sus ausencias
    al borde del abismo
    temblor de mariposas
    la de tu boca
    sumiso a la brisa
    reflejo de lo bello
    un silencio inocente
    la gota que colma el mar
    el juego continúa
    las horas muertas
    si puedes elegir
    pero se saborea
    con burbujeo dorado
    entre dos azules
    busca libertad
    un redoble de tibias
    en sábanas de seda
    oda que se desflora
    hay que vivirlo
    cuando te pienso
    sol que me habita
    escritorio vacío
    en cada esquina
    la noche que yo amo
    fumando las horas
    por el azogue azul
    los sueños de la rosa
    el que os mira así
    el primer sueño
    de lo imposible
    llenando el firmamento
    el beso de tornillo
    viendo dos bardos
    para que duerma un rato
    razón en la locura
    sufre lo mismo
    donde hay corona
    la noche nos envuelve
    pretextos para escribir
    la duda siembra
    río que estaba muerto
    en los tejados
    componiendo los días
    ya estoy en el barro
    el pubis se depila
    tierra sobre tierra
    exceso de ternura
    se perdió en la mirada
    hacker del tiempo
    pero quién eres
    cómo te quedas
    vivas o mueras
    busca la noche
    en sus oscuros vientres
    pero algún día
    el polvo en las sandalias
    pero quién dijo
    vaivén sobre la tierra
    golpe de suerte
    acuno viejos sueños
    toreando al destino
    luna de sangre
    mediodía radiante
    hora de la inocencia
    calavera en la luna
    pero no implora
    con buena musa
    bajo sol africano
    el sello de tus besos
    viviendo una escena
    por tu sostén
    el tahúr de epitafios
    mi inútil epitafio
    solo aprendo a volar
    el que crea que crea
    edad de la inocencia
    pasión primaveral
    la mitad oscura
    laberintos del olvido
    como cada mañana
    con humor e ironía
    en cien cielos
    es fría y dulce
    no cae la niebla
    recuerdo de otro pasado
    de cualquier noche
    de contrabando
    con vueltas de esperanza
    por las corcheas
    en lo invisible
    cortina embarazada
    es el violín nocturno
    pero ya escampa
    desde que partiste
    llueve silencio
    corazón de coraje
    en sueños se diluye
    salud, hermanos
    oda sin nombre
    luna sin establo
    no ha de quedar sino
    en olas de seda
    fantasma de esta casa
    boca que habla sin cesar
    ladra la hora
    brasa en la niebla
    filo del crepúsculo
    danza con las estrellas
    pero estoy vivo
    bajo la lluvia púrpura
    coro de pensamientos
    tristán triste del trastero
    de oro y sangre
    recomponiendo las cenizas
    el ojo del sol
    cierra sus alas
    de lavanda y poesía
    con cenizas de luna
    camina el pensamiento
    niño de mis cenizas
    cascada de agua clara
    sangra amapolas
    el lugar del silencio
    anochece nevando
    espuma negra
    espuma de mar muerto
    para clavarla
    páginas sin maquillar
    de un grillo delirante
    haciendo greguerías
    el sublime canto
    de los lirios blancos
    intocable silencio
    la mujer de ébano
    un abrazo vacío
    un amor así
    en mi cabeza
    en el cielo azulino
    nuestro frágil cuerpo
    el mar de sus ojos
    el sol sonámbulo
    polvo de estrellas
    mundo desconocido
    noche de brumas
    la noche suspendida
    con qué palabras
    es poesía de amor
    recuerdo de la alhambra
    sexo en nueva york
    sol de los sueños
    tiempo de juego
    tristeza del revés
    vidas paralelas
    viento del pueblo
    pero zascandilea
    un ángel anecoico
    cuando se rehacen
    se repiensa
    el horizonte imanta
    si me encuentra
    habla conmigo
    es amor libre
    el arte de la paz
    atajo de la muerte
    te veo perdido
    pero mayo se acaba
    raíces inhumadas
    rindo estaciones
    juego en paralelo
    de guante blanco
    marinero sin puerto
    orquídea de tu cuerpo
    de un grillo castrado
    correo de Babel
    hay sin embargo
    sin mirarse al espejo
    de vino y rosas
    nauta que vuela
    de buen humor
    los mares de cristal
    hoy se hace risa
    mientras esperas
    luna de la modernidad
    un salmo de mentiras
    pero sabe a mar
    sarcasmos en la bruma
    atajos del destino
    secreto de Allan Poe
    en edredón de plumas
    huesos rendidos
    overflow of you
    pensamientos de pluma
    rumbo a la negra estrella
    en un precipicio
    da alas al alba
    fuck and make poetry
    mira su ombligo
    las muñecas hinchables
    preñados de mistral
    mas que no busque
    llenarme de tus labios
    es la versión celeste
    del tercer asalto
    por el cielo deseado
    el vuelo prometido
    ululando sus cuentos
    en jaula de oro
    pescando una idea
    adonde el llano llega
    luna roja sobre mar negro
    dentro del laberinto
    donde mis huesos
    flores de acacia
    da espinas de acanto
    se rinde al aguacero
    con acrobacia de ahorcado
    después de horrible parto
    inundando su acuario
    como Adán y Eva
    siembra aerolitos
    de los oscuros vanos
    catador de venenos
    consumíos, malditos
    el ángel sin aliento
    cien años viva
    sobre la rama seca
    no hablemos de mí
    felatio poética
    aves de paso
    antes de morir
    tomo cicuta lenta
    empedrado de lágrimas
    lo que hace sonreír
    cuando estoy cansado
    poesía en llamas
    el mejor momento del día
    en el estercolero
    de spam poético
    No es un craso error
    en una suave colina
    estercolando
    deplorando el perdón
    brillante imagen
    la desnevada
    de viernes a viernes
    sol que sale sin prisa
    rompe la barrera del silencio
    es la muerte de cristal
    escribe en la arena
    silba tu nombre
    una tragedia americana
    con dos tacones
    traje de novia
    con botas de agua
    sin mover los pies
    te insomnio mucho
    un delirio de gloria
    último estiércol
    la saca de los monstruos
    qué llevas puesto
    al que no llego
    en el dorado otoño
    dibuja el horizonte
    con lo que escribo
    viento de cara
    escuchando a Bach
    para un yonki de barrio
    bosteza el rosal
    lo que sembraste
    desde el infinito
    de ignoto semidiós
    en el profundo mar
    con tinta roja
    nevada de marzo
    peinando la mar
    como las olas
    con poderes de ruina
    un trébol de cuatro ojos
    más viva que muerta
    voy sobre ruedas
    un cuento de hadas
    corazones suicidas
    diezmo de luna
    mecenas del silencio
    paso de trufas
    postales de mi maleta
    en mares de arena
    en el mar de los sargazos
    ola que tienes dentro
    de azul turquesa
    en campo de azur
    luna menguante de plata
    en campo de oro
    mi bastón de sinople
    disparó mi abuela
    vivo ahora mismo
    suelta la rienda
    otra vez quema
    el software libre del amor
    dejando de ser
    tacones sin sonido
    sórdido mundo
    cambiando de mar
    beso con lengua
    las gotas de rocío
    estrellas fugaces
    lamiendo sus orillas
    navego los sueños
    el cielo mea mar
    herido por el rayo
    Te desnudo si quiero
    empapado de luz
    de albero visto
    jersey del campo
    Confiada al viento
    Ola imposible
    domando tigres
    con las uñas pintadas
    voy contra el puñal
    llega tan solo
    salgo de casa
    amando a camarrota
    con pulso herido
    todo un océano
    no es el firmamento
    palabras de hojalata
    llora amapolas
    Sentada ante la rueca
    empieza a llover
    al sonrojarme
    glosa auspiciante
    de diamante erizado
    en este siglo
    olas desconsoladas
    el cairel de los vientos
    camina sobre el agua
    en las altas esferas
    un abismo de ciego
    viene la calma
    palabras y silencios
    entrando en ti
    contra la muerte
    platea mis cabellos
    sobre la piel mojada
    otra poesía coral
    al horizonte miro
    muñón del cuerpo
    con los zopencos
    del abandono
    también es lunes
    buscándose la vida
    cuando tomo el sol
    saliendo del abismo
    abro mis alas rotas
    en medio de dos nadas
    de nuevo en junio
    los tambores ahogan
    el aullido de las hienas
    salgamos de las cavernas
    afrontando la noche
    por calentarnos
    soles se desgañitan
    entre cielos platino
    de rieles rotos
    canta en el cedro
    contra su mano
    pero a destiempo
    carbón a granel
    hay que decirlo
    da calabazas
    como un sonámbulo
    bocado lento
    un cisne blanco
    se puebla la soledad
    con lengua de dragón
    Oh, Ahasvero
    desde el amanecer
    ciudades invisibles
    placer de dioses
    todos los micromundos
    silvando como un Ramón
    el relato del día
    dentro del universo
    esperando el verano
    salgo por la estrella
    en el estanco de la luna
    muerte que gané en la vida
    nunca se sabe
    vértigo en nosotros
    vivo para contarlo
    no sólo muere
    pasa otra nube
    qué me dices
    de madrugada
    de cuando en cuando
    la carne de gallina
    cuento de nunca acabar
    rayos y truenos
    en un momento de ira
    sus males espanta
    monstruos virales
    sus hojas caídas
    de ojos caídos
    cuando estoy en paz
    pero calla la novia
    por todo Madrid
    un julio sin sombrero
    haciendo el agosto
    como en septiembre
    un inestable octubre
    tras otro noviembre
    solsticio de diciembre
    en la hoguera del cuerpo
    muerte en la luna
    vivo en la tierra
    plumas a contrapelo
    si buscas caminos
    podría ser
    vestida de diosa
    si te vas a enamorar
    si solo desespero
    en este mundo
    bajo un manto de flores
    sin rumbo fijo
    no son molinos
    de un guitarrista
    sal de la marea
    aves del diccionario
    como humo del cigarro
    en las derrotas
    te amo despacio
    de las revoluciones
    cómo delira
    es tu entelequia
    martirio lógico
    del sol naciente
    estraperló palabras
    inolvidables huesos
    su verbena de hojas
    con su desmayo
    descanse en jazz
    sin bestia farandulera
    no hay moscas
    donde me debato
    un viejo guitarrista ciego
    medio muertos
    contrabando de bruma
    con pies alados
    de lo inefable
    habitación en Roma
    tantos besos
    tirados por los suelos
    están las sepulturas llenas
    el corazón en paz
    labios de diosa
    aun puedo imaginarlo
    hoy poseo la luna
    de fuego y agua
    del pulso del reloj
    voy con lo puesto
    las plumas de la luna
    mar gruesa evoca
    en este estado
    enlazada aquí
    con nuevas citas
    en descubierto
    nada le pido
    solo entre las olas
    en los cauces secos
    prestan sus alas blancas
    qué significa
    esnifando un narco iris
    cómo describíroslo
    donde la noche cruza
    donde mira la vida
    inocente palabra
    el carácter tipográfico
    viste de albero
    anotado al margen
    de frase suelta
    de un karaoke
    leyendo libros
    la pitillera vacía
    por Zeus Olímpico
    en navidad
    te lo regalo
    parece una actriz
    secretaria muda
    en la oficina vacía
    un estelar asterisco
    estar en babia
    por decir tonterías
    valles que inundan
    aun hay buena música
    un lobo herido
    las calles llenas
    tarde de abril
    cubil de monstruo
    sobre las fuentes
    rumor de la ruina
    alma en gramos
    el viejo estanque
    posado un cuervo
    tarde de otoño
    tras el chubasco
    sopla el poniente
    apilado en oriente
    de fatuas greguerías
    el viaje en la cabeza
    el mundo es nuestro
    al emperador desnudo
    la emperatriz febril
    mas, para El Loco
    desde el cielo de Leo
    hora de Capricornio
    volando en Cáncer
    mas, desde Aries
    la torre herida por el rayo
    al sol del membrillo
    la justicia ciega
    de La Templanza
    la rueda de la fortuna
    la luna rota
    el carro de heno
    el diablo con plumas
    no es El Juicio Final
    por Géminis pasa
    cielo en Tauro
    por Virgo desvirgada
    constelación de Libra
    noche en Escorpio
    donde ves Sagitario
    con signo Acuario
    donde Piscis no está
    para el colgado
    las estrellas invisibles
    el eremita mudo
    La fuerza que arrastra
    la muerte lenta
    al mago que estornuda
    la papisa sin fe
    ni el papa romano
    para el enamorado
    sin hacer muecas
    una bella sonata
    si te comes un limón
    sensación placentera
    en suave movimiento
    muy lejos de casa
    me mirará implorando
    visión que invierte la mirada
    con un golpe de náusea
    donde muere la rosa
    como si fuese un poema
    como si fuese una lágrima
    manchada de sangre
    sobre el papel en blanco
    con sumas y lógicas
    ciego entre polvo y luz
    desasosiego mudo
    camino sin descanso
    arraigando mis garras
    tan sólo un refugio
    algunas veces
    en libro antiguo
    hay una nota indescifrable
    hasta tu paraíso
    su pecho queda abierto
    si tú no estás aquí
    siempre que se despereza
    me desespera
    una oscura obertura
    ni siquiera la nieve
    un humo de cansancio
    en tu peor momento
    de un nocturno de piano
    sin cruz, sin epitafio
    la lluvia horada
    caída entre mis huesos
    geografía de sus labios
    donde inquieta el día
    continúo viviendo
    doctorado en heterodoxias
    si todo fuera fácil
    en los años peregrinados
    me pregunto cuándo será
    siempre que estés ahí
    venid a ver esto
    donde no crecen las violetas
    al alba añil
    se va poblando de ser
    mas sigo navegando
    muero y dejo morir
    pongamos algo
    de color suave
    al cine mudo
    atravesando el caos
    os insulta al pasar
    con amores ridículos
    compasiones novicias
    borracho e incivil
    hermano del silencio
    hasta la atrocidad
    arrastro como un bobo
    cantó la noche un alma
    de sudor y fatiga
    fúnebre nube
    para la tempestad
    rebaño de demonios
    histrión de la sombra
    aullando la impudicia
    amaré lo que soy
    Love your enemy
    fantasma sin alma
    despierta sigue soñando
    con ansia de futuro
    sin pasar por aquí
    con mejor carisma
    dicho sea de paso
    así habló Zarathustra
    profanador del todo
    tan risible
    como arrogante
    agua encallada
    ahora que me voy
    haciendo versos y olas
    el mar resplandece
    abanico del viento

    (NEFASTISSIMUS CAE MUERTO)

     
    • Marina López Fernández el 3May Permalink

      Surrealismo punzante, estocante, puro.

    • Ahasvero el 3May Permalink

      y en esta época, ya bastante vintage

    • nel cardo el 3May Permalink

      contra los cuerdos hasta hay llegue ,la madrugada es para dormir me dije aunque es una bonita forma de expresar toda esa angustia y furia subjetiva

    • Ahasvero el 3May Permalink

      Un vomitorio es lo que es.

    • nel cardo el 4May Permalink

      aagghh…bueno no estaba esquivocado una lirica ,muy llena de sentimientos profundos ,pedazos de taco y pollo de ayer ,si

    • viva el 4May Permalink

      y vuelves?

    • arianeintheafternoon el 4May Permalink

      El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo
      la tierra con nieve olvidadiza ¿No, amigo?

      Digo contigo adiós a abril.

    • viva el 4May Permalink

      Adiós maldito y cruel abril. Besos de nicotina.

    • arianeintheafternoon el 4May Permalink

      La literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes, me encanta tu vómito.

    • viva el 4May Permalink

      Al fin lo eché, gracias por coger mi cabeza mientras vomitaba. Sólo lo hacen los buenos amigos. Hay que tener un estómago a prueba de bombas.

  • El Cantador el 5Jul Permalink  

    EN LA PLAZA FRENTE A LA CATEDRAL 

    GUADALAJARA, JALISCO (MEXICO)

    Estábamos mi esposa y yo vacacionando en esta hermosa ciudad, sentados en una de las bancas del parque simplemente dejando pasar tranquilamente el tiempo mientras disfrutábamos de un clima espectacular y ante nosotros esporádicamente pasaba algún comerciante ofreciendo diversos productos o servicios tradicionales del área tales como: Cotorinas, algodones de azúcar, helados, un organillero, un bolero, un vendedor de títeres de madera, un vendedor de sombreros y otros más

    Obviamente también éramos parte del paisaje todos los allí presentes como paseantes, había puedo dar fe: gentes de muy diversas latitudes, razas, culturas, niveles económicos y profesiones a los que nos unía la dicha de no tener prisa en ese momento por nada.

    Observé a una muchacha deambulando para arriba y para abajo como sin ningún propósito al igual que nosotros, ya se sentaba en una banca, ya en el suelo cerca de la fuente, o se quedaba un momento quieta observando algo que le llamara la atención. Para cualquier persona supongo le habría parecido que ella estaba extraviada de sí misma

    Vi también a un muchacho pidiendo limosna, es probable que nunca haya recibido atención médica especializada que le minimizara los problemas locomotores en sus extremidades lo cual provocó sin lugar a dudas la deformación ya muy notoria de las mismas, también denotaba ese tipo de miseria que te obliga a vestir las prendas hechas ya unas garras, tan delgado que ni siquiera la anemia cabía en su cuerpo.

    Debo decir que no hicimos línea los presentes para preguntarle en que podíamos ayudarle, no nos disputamos el orgullo de ser los primeros en tenderle la mano, creo que ninguno dejamos de comer lo que sea que haya sido que hubiésemos comprado para tal propósito, ninguno nos dirigimos a las oficinas del Municipio para avisar que habían omitido accidentalmente ayudar a uno de sus conciudadanos en desgracia pero que afortunadamente estaba allí ahora al alcance de la mano

    En eso que uno voltea la mirada no sabe por qué hacia un lugar en lo particular me encontré con que la muchacha que mencioné previamente iba caminando hacia el muchacho, conforme se acercaba se metió la mano izquierda por su escote, hurgó dentro de su ropa intima y le dio un billete sin siquiera poner atención en la denominación

    ¿Tienen idea ustedes de lo miserable que me sentí y hoy sé que soy?

     
  • VIVA el 15Mar Permalink  

    El final de la edad de oro 

    El final de la edad de oro

    “[…]

    Vivir fue regresar a las fronteras
    de una tierra sin nombres ni mañana,
    quienes corrieron más deprisa son
    los que antes han llegado a ningún sitio.”

    Gracias Manuel Moreno Díaz por tu dedicatoria de este poema en tu primer libro de poesía La Saliva del sol (IV Premio Emilio Alarcos publicado en la Colección Visor de Poesía) y por el ejemplar que me has enviado.

    Tu libro llega a mis manos puntualmente como llegará al alma de los perdedores inquebrantables, a los náufragos del viento, a los que ‘caminamos al lado de nuestro cadáver’, a los profetas de los paraísos de sombras, y a todos los que navegamos “hacia la noche / con la sumisa calma de la nieve” para conquistar, con el ariete de la serenidad, nuestro propio ser –el que nos prestaron– y construirnos el que merecidamente nos forjemos.
    SALUD Y ANARQUÍA, COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO.

     
    • Ahasvero el 15Mar Permalink

      Encontré una traducción al francés del poema “LA BELLEZA” (página 44) en la curiosa página de Jean Dif:

      La beauté

      La cendre est le coeur du feu,
      un paysage calciné de silence
      où finissent les anxiétés du crépitement,
      et leur ascension enflammée jusqu’aux sommets de l’air.

      Il garde l’os, mémoire de la chair,
      livré au festin de l’obscurité.
      Là, dans un éternel voisinage avec l’oubli,
      se thésaurisent la moelle et la poussière,
      les âges de toutes ses ruines.

      Et dans les braises violentes de l’après-midi,
      quand la lumière paraît une conquête
      de l’homme et de sa soif de croissance,
      les ténèbres déposent leur germe
      et le soleil couvre déjà les larves de la nuit.

      La beauté est le masque
      choisi par la mort
      pour nous laisser croire invulnérables
      à sa patience carnivore.

      Extrait de “La saliva del sol”, Manuel Moreno Díaz
      (Visor, 2006), 4ème prix Emilio Alarcos

    • Ahasvero el 15Mar Permalink

      El poeta gaditano Luis García Gil en su bitácora hace esta reseña:

      Leo el libro de poemas La saliva del sol (Visor) de Manuel Moreno Díaz ( IV Premio Emilio Alarcos). Se trata del primer libro de poemas de su autor, un primer libro escrito pasados los cuarenta años, quizá una edad de madurez no desdeñable para lanzarse al ruedo poético porque a veces ciertos poetas pecan de querer publicar muy pronto y suelen renegar de su primer libro. No es esto una generalidad pero tampoco debe extrañar que algunos poetas se decanten por publicar tarde, sin urgencias, tratando de que el verso alcance su mejor tono, su propia razón de ser, alejado de la impetuosidad o del exceso juvenil. La saliva del sol es un libro entregado a la palabra armada de contención, que no se extralimita ni se desborda, cauce sereno, profundo ejercicio de verso meditado y profundo. La muerte o la infancia son algunas de las cuestiones universales por las que el poeta valenciano navega sin naufragar. Pero también hay sitio para celebrar la tarde caediza, la naturaleza, el rayo de sol que penetra por una ventana o el vuelo de un vencejo a los que el poeta llama “inquilinos del viento”.

    • Ahasvero el 15Mar Permalink

      El mismo poema se encuentra en la página de Jordi Buch Oliver en castellano.

    • Manuel Moreno el 20Abr Permalink

      Gracias a ti, amigo del alma. Ya sabes que el tiempo no pasa, sólo anida. Todas nuestras edades duermen en la memoria apenas enterradas. La de nuestra amistad siempre fue la edad de oro, de un oro de ley que el tiempo jamás podrá oxidar

    • Ahasvero el 20Abr Permalink

      You are welcome, my friend…

  • VIVA el 19Jan Permalink  

    ALFONSO TIPODURO 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
    • Umar el 26Ene Permalink

      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el 20Abr Permalink

      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

  • VIVA el 17Jan Permalink  

    ALFONSO TIPODURO 


    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Armstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.

    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
    • Anonimo el 18May Permalink

      Ya lo tengo: el asesino es Gonzalo.

    • Ahasvero el 18May Permalink

      ¡Pero si este es el primer capítulo, hombre o mujer!

    • anónimo el 18May Permalink

      Ese es un pobre hombre

    • Anonimo el 18May Permalink

      Vete a saber!

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