Me hacía los minutos de 120 segundos

VERSO SEGUNDO:

Huyendo del fuego de mi juventud
Navego al contrario de la multitud
Pero sé amar

“Un segundo con la desconfianza es un duelo con el pasado”.

MOCOSOS DE PÁRVULOS

el primer día no lloré, tampoco el segundo, pero el tercero fue terriblemente triste, definitivamente se había acabado la libertad. Entrar en párvulos era cumplir una condena de cárcel, uniformados con rayas, sentados en pupitres alineados, sin poder hablar, sin poder reír, sin poder moverte y salir a la calle, al campo, a jugar. Aquello era una tortura. Te engañaban con cosas nuevas y bonitas, como una colorida cartera nueva y un plumier maravilloso, lleno de lápices de colores y un sacapuntas,

CAYENDO DEL BURRO

Otra de mis más tempranas experiencias tiene que ver con los burros y los abuelos. A veces no hay diferencia. Yo les tengo el mismo cariño. Para empezar se parecen en algo. Ambas especies son de pelo suave y son tozudos. Y se les quiere, a pesar de todo, se les quiere mucho. Mi memoria guarda una extraña imagen de aquel día porque el porrazo debió ser para dejarle a uno tonto -ahora me explico muchas cosas, la verdad. Yo iba montado en el burro de mi abuelo. No, esta vez no penséis mal, era de verdad su burro, no mi abuelo. Mi abuelo iba andando al lado, yo creo que un poco distraído, pero esto lo supongo, no lo sé. El caso en cuestión es que en menos de un segundo yo di un giro de 180 grados sobre la peluda panza del burro y caí de cabeza sobre el suelo, suelo de piedra y barro, por supuesto. Ni una maldita brizna de hierba había en la calle, como era corriente en los caminos, para almohadillar mi blandito coco de bebé, que aún no tenia bien cerrada la mollera. El rocín de mi abuelo era listo y afortunadamente paró en seco y no me remató con sus pezuñas. Así que, me libre del pateo. El que no pareció librarse del pateo verbal de mi madre fue su suegro, vamos, mi abuelo. “Pero como se le ocurre”, “Pa matar al niño”, “Está tonto” y en fin todas esas lindezas que se pueden descargar sobre el suegro, cuando la ha liado parda con un despiste y pierde de vista al inquieto mocoso al que le ha tocado cuidar ese aciago y rocinante día. Al parecer todo quedó en un susto. Ya me lo explico, la cara de mi abuelo no volvió a ser la misma, las orejas eran más grandes y peludas cada vez. Suaves y peludas como las de un platerillo silvestre. Y mi cabeza siempre ha conservado un promontorio en su cenit, duro como un ariete.

EL NAVAJAZO A MI HERMANA

Fue una repentina explosión de rabia. Yo estaba sentado con mi familia alrededor de la mesa redonda de la cocina. Era de noche. Estábamos cenando. Algo que hizo mi hermana mayor me hizo rabiar de ira. Yo estaba sentado en una de esas sillitas de bebé que también era de madera y que te elevaban a la altura de los adultos en la mesa. Podía comer por mi mismo y alcanzar los objetos que había sobre la mesa, entre ellos una pequeña navaja con mango de colores. Supongo que era mía porque estaba a mi alcance fácilmente. No recuerdo que fue lo que mi hermana hizo, pero realmente me cabreó. Cogí la navaja y sin dar tiempo a nadie para reaccionar se la lance a mi hermana mayor. Mi puntería no debió ser mala porque le partí la ceja. Un tremendo tortazo vino inmediatamente a visitar mi cara. En un segundo, una tranquila y rutinaria cena familiar se había con vertido en una tragedia rural.

Por eso es que vida mía sin ti un segundo son mil años de vida…

El nivel de alcoholismo del primero era tan alto que por seguridad de sus vecinos sólo se le permitía fumar en el desierto. El síndrome de profeta del segundo era tan alto, que sólo se le permitía predicar cerca del alcohólico cuando éste fumaba.

EDWARD ABBEY

Nuestra cultura funciona en base a café y gasolina. Lo primero frecuentemente con sabor a lo segundo.

Fue un entusiasta de la vida hasta el mismísimo segundo antes de quitársela.

No permitas que esta vida se me muera sin ti…
Guárdame un lugar, un segundo todos los días…
Deja que tu corazón te diga si soy
Quien merece tener tu amor……

Cuando tu no estas conmigo, en el tiempo los segundos, como unicos testigos de la muerte de los dias. Cuando tu estas conmigo, los segundos son segundos y eternos son mis dias.

Un soneto me manda hacer Violante en mi…

Un soneto me manda hacer Violante,
en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando
y aún parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce, y está hecho.

En cada tic tac del reloj te…

“En cada tic tac del reloj te siento,
Te siento al anochecer,
A todo tiempo te pienso,
Inolvidable es tu bello parecer.

Te siento a cada segundo que cuesta pasar,
A cada cambio de estación,
Te siento, y duele cuando no estás,
Pues te siento con todo mi corazón.”

Hace unos minutos sentía que mi existencia era…

Hace unos minutos sentía que mi existencia era un desperdicio y quería limpiar el mundo de éste desperdicio,desde hace unos segundos una sonrisa nació en mi,me hubiese perdido de este sentimiento de felicidad si hubiese limpiado al mundo de mi existencia

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