En un principio había frío y hielo Y…

En un principio había frío y hielo. Y la gente se quejaba del frio.
Entonces, Dios, creó el Sol para calentar e iluminar. Y la gente se quejaba de que hacía mucho calor
Entonces, Dios creó las Estaciones para que fuera variando la temperatura. Y la gente se quejaba de que en Invierno hacía frío, en Verano calor, y en Primavera y Otoño hacía frío-calor y tenían que quitarse y ponerse Rebequitas.
Entonces, Dios creó el día y la noche para que hubiera más variedad. Pero la gente se quejaba de la oscuridad, madrugar…
Entonces Dios nos mandó a todos a tomar por culo.

Ser adulto en esta sociedad es dejar que te gobiernen los lobos. Cordero adulto… Trinchante!

HERMAN GOERING

Naturalmente, la gente corriente no quiere la guerra. Ni en Rusia, ni en Inglaterra, ni tampoco en Alemania. Esto es comprensible. Sin embargo, después de todo, son los líderes del país los que determinan la política y se trata simplemente de hacer que la población la acepte, ya se trate de una democracia parlamentaria, una dictadura fascista o una comunista.
Se puede hacer siempre que el pueblo siga a sus líderes. Es fácil. Todo lo que hay que hacer es hacerles creer que están siendo atacados y denunciar a los partidarios de la paz por su falta de patriotismo y su irresponsabilidad al exponer al país a un peligro. Esto funciona igual en cada país.

(HERMAN GOERING. Número dos del régimen nazi.)

El principio de Hanlon es un adagio que dice: «Nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez». También se conoce como «navaja de Hanlon».

(Perdón, aquí va completa)

La colección LOS PROBLEMAS ESPIRITUALES DE NUESTRO TIEMPO…

La colección LOS PROBLEMAS ESPIRITUALES DE NUESTRO TIEMPO aspira a ofrecer al lector español algunos de los principales libros que, en reducido volumen, inician una nueva manera de pensar o toman posición frente a ella. La complejidad de preocupaciones y de intereses que atraen hoy la atención del hombre culto le impide, las más de las veces, el acercarse al tratado amplio, cuando éste no pertenece a su especialidad profesional. Pero como, por otra parte, no se debe vivir al margen de las cuestiones del día, los tomitos que seguirán quieren satisfacer esta exigencia.

EL EXISTENCIALISMO ATEO DE J. P. Sartre, por el ilustre filósofo belga Roger Troisfontaines, es una crítica agudísima, diríamos más bien aniquiladora, de la voluminosa obra de Sartre, L’Etre et le Néant, que ha producido un tan gran escándalo en el mundo, por su ateísmo radical, y cuya lectura la Iglesia se ha visto forzada a prohibir. Con el libro que presentamos se tiene, al mismo tiempo que la exposición de sus ideas básicas, la superación de las mismas, lograda por Troisfontaines de manera brillante.

EDITORIAL MARFIL

PRECIO: 30 Ptas.

Está bien toca poesía del viernes pero esta…

Está bien, toca poesía del viernes, pero esta vez lo pondré más difícil. Debe ser un soneto con rima ABBA ABBA CDC DCD. Por tanto, sólo se admiten los primeros trece que continúen este alejandrino:

“Nuestros sueños embriagan como suave morfina

Mientras la estrella asciende que algún mañana perderé…

Mientras la estrella asciende,
que algún mañana perderé de vista,
y el pálido santón es devorado
y manchado por náufragos y muertos
en suave y continua ejecución marina,
bendeciré sin salud nuestra gran carga,
aunque consuele los delirios
de aquellos semejantes que,
para atar y desatar los movimientos,
hallé suaves.

Haya una parte alzada, empero,
en mi hora mala,
que estando espléndidas,
serán mañana bendecidas.

A nuestro blog le ha sido concedido el…

A nuestro blog le ha sido concedido el premio “Pelourinho 2006 – Blog do Ano – Internacional de Plata” en una iniciativa del blog portugués Praça da República em Beja.

Estos son el resto de ganadores:

PELOURINHO 2006 – BLOG DO ANO – INTERNACIONAL

Pelourinho de Ouro
Las insólitas aventuras del pez
Art Nudes

Pelourinho de Prata
Blog and Roll
Nosotros (jejeje)

Pelourinho de Bronze
Sexoteric
Coloribus
Sensuality Art

Estad atentos pues el día 28 de diciembre anunciaremos los premios que Nosotros concederemos a partir de ahora.

Un laberinto de dudas

¿La tela de ariadna de internet atrapa nuestras palabras-mosca para la araña de google o le prestamos los hilos a Teseo para que salga del laberinto y luego nos abandone?

DESTINO

Aunque las golondrinas construyan, los vencejos ponen el grito en el cielo.

MORFEO

Hoy he visitado dos casas inhabitables y sus almas vacías. LAS CASAS Y LAS ALMAS.

La primera es una casa con planta en forma de L que tiene una salida a calles diferentes en cada uno de sus extremos. La casa tiene innumerables habitaciones y pasillos que forman un laberinto difícil de recordar. Hay estancias secas y oscuras pero también las hay húmedas y luminosas, con patios interiores soleados o lluviosos. Sus dos fachadas son viejas y resquebrajadizas. Una de ellas da al campo y se sale por un rústico y viejo portón de madera. La otra fachada da a una calle de ciudad de provincias y su puerta es de madera o hierro, según los días, aunque es de una apariencia mediocre. Es incómodo vivir en ella porque está casi vacía de muebles, desconchada y polvorienta. Tan solo una pequeña parte se usa. El resto es visitada ocasionalmente por dos de los tres moradores: padre, madre e hija. Únicamente la niña recorre con frecuencia los lugares más alejados e inhóspitos y conoce todos sus rincones y laberintos. El padre solo se atreve a recorrerla con su hija por miedo a perderse, aunque se siente atraído por sus enormes posibilidades y le agradan especialmente esos abandonados jardines y patios con galerías acristaladas a los que llega la luz y las nubes. La madre no sale nunca de los dos o tres cuartos principales que dan a la ciudad.

La segunda casa es redonda y alta, con forma de cúpula y una indescriptible arquitectura de estancias interiores. La cúpula está recubierta por una única y continua estantería de libros imposibles de alcanzar ni leer. Nada tiene una función concreta en este alojamiento: se puede dormir, cocinar o bailar, de forma indiferente, en cualquiera de sus múltiple rincones. Aunque hay muros, vigas y escaleras… la separación entre espacios nunca es total ni resulta evidente. A veces se tiene la sensación de que los elementos arquitectónicos cambian a capricho y con desasosiego para algunos de sus habitantes y visitantes. Otros, en cambio, parecen acostumbrados a los cambiantes designios de la mansión. No se sabe si los vanos exteriores son puertas o ventanas. Por cualquiera de ellos se puede entrar y salir. Incontables personas, cada cual más extraña, entran y salen continuamente. Hay gente que vive allí siempre, en su recodo imposible y otros que entran tan solo a curiosear y marcharse. Se cuentan por centenas los cachivaches inútiles que la adornan y a los que los habitantes intentamos encontrar una utilidad para satisfacer una perentoria necesidad del momento: freír un huevo frito con un disco; oler las noticias en un tintero; escuchar música con unas gafas sin cristales; fabricarnos un reloj digital con una caja de cuchillas de afeitar o un smartphone con lo que parecen las pastillas de freno de un coche.

EL INTELECTUAL DEL GRUPO

Recuerdo a mi abuelo Vicente sentado en una mesa y haciendo algo extraordinario en aquel mundo tan rural, tan brutal y cavernícola. Tenía puestas unas gafas, pequeñas y redondas, que yo aún conservo, y estaba leyendo y escribiendo sobre unos libros. Me pareció increíble. Desde entonces considero a mi abuelo como alguien mágico, extraordinario, el más respetable intelectual de toda mi familia y de todo el pueblo. Un ser que escapaba a cualquier parámetro de aquel entorno campesino y zafio. Mi admiración por él sigue siendo hoy de veneración y respeto absoluto. Y además mi madre siempre decía que yo era el heredero de su carácter, un carácter como el de las gaseosas, aparentemente explosivo al principio, que al abrirlas parecen que van a explotar pero luego se quedan en nada, dulces y buenas. Ese presagio de mi madre, evidentemente, se acabó cumpliendo en los dos sentidos contrarios.

EL INTELECTUAL REPARTE PAN CON UN BURRO

Me pareció que algo grave estaba pasando, mi abuelo, el intelectual, el culto, el ser extraordinario, ahora repartía pan por las calles con un burro con aguaderas. Algo no cuadraba. Mi madre me contó que ahora el abuelo tenía otro trabajo. Ya no trabajaba para él en la tienda. Trabajaba para el panadero del pueblo, repartiendo pan. Algo no me gustó de aquello pero mi abuelo me dejó subir al burro y dar una vuelta. Él parecía triste y contento a la vez. Ahora recuerdo perfectamente su cara con esa gafas redondas que aún conservo, y su aspecto enjuto, y su cuello arrugado de arriba a abajo, con una camisa blanca, pantalones de pana negra y un chaleco de rayas , vestido al estilo más rural de los campesinos y no con su traje y su corbata como siempre había vestido. O con su estilo de trabajo aunque más aseado y señorial de tendero de pueblo, con su librea de despacho de ultramarinos.

MI EPOPEYA RÚSTICA

Nací a las 12 de la noche de un 29 de marzo de 1964, en el oratorio de la Casa grande o Casa de los Manrique. Un oratorio o capilla de la casa solariega de Rodrigo Manrique, en la que su hijo, Jorge, vivió su feliz luna de miel, y que en mi época había sido mancillado, convirtiéndolo en el dormitorio principal de una parte de la casa, que ahora era una corrala de vecinos, de la que mi abuela materna era propietaria de una cuarta parte de la misma.
Nací pues en un pueblo de La Mancha que había recibido sucesivamente el nombre de Belmontejo de la Sierra, Belmonte y finalmente Villa de Los Manrique o Villamanrique. Un pueblo que, en pleno siglo XX, aún permanecía en la Edad Media. En una época más degradada y mísera aún que aquella debido a los estragos de la postguerra española. En la más oscura y profunda España, católica, apostólica y romana, en un lugar de La Mancha, entre la Sierra de Alcaraz y Sierra Morena, de la que me acuerdo con más nubes que claros. Una tierra en donde los maquis y los bandoleros seguían siendo un tema de conversación habitual. En donde las historias de la guerra civil aún estaban vivas y no habían cicatrizado. En donde la pobreza y la roña eran aceptadas como lo más natural del mundo. Un mundo donde no era difícil encontrarse con quinquis, latoneros, familias de cíngaros ambulantes y gitanos sedentarios. Una tierra de paso, el natural entre Andalucía y la Mancha, llena de caminos polvorientos, de repoblación y despoblación, en la que también había “jaros” procedentes de Europa que Franco había traído para “repoblar” y hasta viejos bandoleros de Sierra Morena. En fin, una honrada y leal villa de la España franquista, a la que no llegó la guerra pero sí sus rencillas, enfrentamientos y consecuencias. Un lugar de paso, en el que nunca nadie ha querido permanecer durante mucho tiempo, un territorio sin raíces y sin historia. Un paso fronterizo durante siglos entre moros y cristianos. Una tierra periférica dejada de la mano de cualquiera que por allí pasase, incluidos Don Quijote y Santa Teresa. Una comarca de soles, vientos y piedras oxidados y olvidados, sin más novedades que las pasajeras y aventureras nubes.
De mi familia paterna sé, según contaba mi padre, que procedía de Andalucía. El primer Alfaro que, según él, había llegado al pueblo era el llamado Abuelo Carbonero, un hombre, al parecer, listo y emprendedor que debió hacerse con una buena cantidad de tierras serranas, vírgenes y sin roturar, que mi familia paterna fue convirtiendo en olivares a lo largo de varias generaciones. Yo mismo me enorgullezco de haber participado junto con mi padre en esa epopeya familiar, en esa conversión de una sierra pedregosa, pobre y arisca en productivos y ordenados olivares, plantando, mano a mano con mi padre, 300 olivos, quizás los últimos 300 que se han plantado ya en la familia. Yo por lo menos no pienso plantar más. A los catorce años se acabó mi rural y bucólica epopeya. Yo también estaba allí de paso. De paso hacia ningún sitio.

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