Enmarañado pulso

Enmarañado pulso, sube, baja
ante el distinto pecho globular.
Pesar. Un cementerio duda y duda
contra las cuerdas.

Por hoy estamos hasta todas las hastas,
y desde tiempo somos los hijos pródigos del mar
en este impune diluvio de tristezas.

Cuando los párpados nos cuelgan vaginalmente
y ríen unos dientes melifluos.

Se comprenden inquietas palabras abrasivas.

Sobre el dolor del dolor copulativo
cuánto cabe aún diluviar la risa, el jadear.

Pero en tu seno
derogado el hastío será, en tu seno,
ante el sueño anhelante de la noche.

Dejarse llevar

No hay que dejarse llevar sólo por el corazón, por sus arritmias y cardiopatías, también hay que dejarse llevar por el instinto del instante. Sin embargo, los impulsos eléctricos que llegan al corazón puede estar duplicados, uno va por la autovía y otro por la vía de servicio. El corazón se vuelve loco. ¿A que impulso le hace caso? El que va por la vía de servicio, llega antes en los atascos, pero es más débil, llega insuficiente impulso. El que va por la autovía es fuerte pero lento. ¿Qué aconseja Tráfico en estos casos?

HAIKU

Viento de cara
dibuja el horizonte
con pulso herido.

SOLES DE MAYO

De todas las miradas del mundo,
yo me quedo con la poesía,
porque la poesía es el misterio
que se esconde, con pulso herido
y del otro lado, como sombra de lágrimas,
en todos los secretos del mundo,
en todos los insondables abismos
de las almas luminosas o dolidas
que se asoman a nuestra ventana
como soles jubilosos de mayo.

(Homenaje-paráfrasis a Federico García Lorca en un día de misterio, como otro cualquiera, a punto de cumplirse los 117 años de su nacimiento. Perdón por mi osadía al reescribirle, estimados amantes -que no adeptos- de la poesía)

Gran Vargas. El regreso.

Por fin el Gran Vargas, desafiando a los electrónicos impulsos que le separaban de nosotras, consigue burlar los “Términos de Servicio” y aterrizar en nuestro humilde tablón comunitario de pegatinas —verborréicas aunque exiguas— para dejar sus inmarcesibles poemas y haikus, imperecederas bagatelas e inmortales divertimentos y retruécanos… justo en el momento en que el cansancio más mella hace en nuestras seudónimas fuerzas y seudopoéticas labias. La conjura ha merecido la pena. Bienvenido de nuevo, Gran Vargas.

3/4 Zuperman

Zuperman:
-Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel.
-Ya puede, después de levantar a pulso mi camioneta…
-¿Qué crees que significa esta “Z” del paño rojo con el que venía arropadito?
-Ay, mujer… no es una “Z” es una “S”.
-Seguro que es la inicial de su nombre… ¿cuál será?
-Saturnino, seguro.
-Pues a mi me gusta más Zacarías, como mi padre.
-Es que Zacarías no pega con nuestro apellido.
-¿Y Saturnino sí?
-Vaaale, pues Zacarías Kent para servirle a Dios y a la patria.

Dime amiga de qué fuego son deudores tus…

Dime amiga de qué fuego
son deudores tus labios

dime el agua de qué fuente
se derrama en tus ojos
para amistar a tus ojos
con el cielo y con el mar

y en tu pulso dime amiga
en tu pulso coincide qué latido
y qué ritmo dime amiga
y qué ritmo en el ritmo de tu aliento

dime el agua de qué fuente
se derrama en tus ojos

dime amiga

En algún momento fui feliz Aquel día llegó…

En algún momento fui feliz. Aquel día llegó cuando supe aceptar mis limitaciones y convertirlas impulsos. En aquel momento, cuando te perdí para siempre, me di cuenta que lo único que restaba por hacer, no era encontrarte a ti, si no a mi misma.

ANTOÑITO

El tío Antonio toma el sol en la esquina y mira su reloj. Su única preocupación es saber la hora exacta. Y mantener su reloj de muñeca en hora, claro, mientras toma el sol en la esquina. Mira su reloj, agarrándose la muñeca, porque el pulso le tiembla, y acerca su vista, porque ya no ve bien. Las cinco y diecinueve, murmura. Dado que su reloj se retrasa por el día y se adelanta por la noche, le preocupa enormemente saber la hora exacta. Al cabo de los años ha calculado cuanto se retrasa y cuanto se adelanta. Para su edad es una compleja fórmula de resolver, pero a base de ensayo y error es casi seguro que puede calcular la hora en punto. Eso dice. Con frecuencia, cuando paso a su lado, me pregunta, bueno, en realidad siempre que paso a su lado me pregunta ¿Tienes hora? ¿Qué hora es? ¿Llevas reloj? Aunque de sobra sabe que sí tengo, porque en mi primera comunión me regaló un reloj, mi primer reloj, y siempre lo llevo puesto. A mí el tiempo no me importa, no, al menos todavía, pero como sé que me va a preguntar la hora, siempre lo llevo puesto. ¿Qué hora tiene tu reloj?, insiste. Las cinco y veinte, creo. Digo yo. Pero cómo que creo… —protesta— ¿ya son y veinte en punto o no? Como el tuyo tiene segundero es más exacto. A ver, dime la hora exacta, dice. Las cinco, veinte minutos y quince segundos, le digo para tranquilizarlo. Ah, ves, el mío no tiene segundero, …como es viejo. El mío todavía tiene y veinte. Se atrasa, por el día se atrasa. Y vuelve a mirar su reloj, su dorado y viejo reloj. Aunque por la noche se adelanta, ¿sabes? Me cuenta por enésima vez. Sólo está en hora dos veces al día, ¿sabes? Es un buen reloj, no creas. El mío sólo se adelanta, le digo, y ni siquiera sé cuánto. Y eso que te compré el mejor reloj que tenían en la tienda de Frasco, dice. Ya no hacen relojes como los de antes, Toni. Concluye, como siempre. Este me lo regaló mi tío Anton para mi primera comunión, como yo a tí, me revela. De pronto una náusea me invade. Me veo viejo, sentado al sol y contemplando mi viejo reloj con segundero, preocupado por cuánto se atrasa o se adelanta mi reloj, preguntando a mi sobrino ¿Qué hora es en tu reloj, Antoñito? Entonces corro a mi casa y agitado le digo a mi madre: yo no quiero llamarme Antonio, y arrojo el reloj a la basura.

Eiaculatoriae

Con nuevo impulso de lujurias,
Soy el viejo esclavo de la suave piel
De una «dolci e candy» Madonna:
«Alea eiaculacta est»

ARTEVIRGO

LOS CÓDIGOS DESATADOS
Cuando el tiempo devolvió las cifras
escondidas de la juventud cometida,
llegó, para estremecerme,
un idioma imprudente,
que desató los códigos
hasta dejarme ciego de mirar sin ver.
Fui llevado cada mañana
a una nueva certeza maldita,
a un nuevo cobijo blando y cálido,
condenado a los ingenios.
Ignorar da delicias y alegrías viejas,
da, entonces, el poder, el respeto,
la envidia desnuda.
Bienaventurado el que olvida,
porque no necesita devolver nada al espíritu.
Feliz sea por siempre
el que miente y acecha,
feliz sea, que le sobrarán ojos.
Digo que deseo
su eterna buenaventura.
Entre impulsos transcurra
su letargo de larva.
Cada mañana prodigo
planes certeros, estrategias solemnes.
Cada mañana un rito, un respirar ancho
que me devuelva la llave,
que someta los signos. Un pozo cavado,
un laberinto, un bastón… Ninguno
me basta si me acosa la palabra,
si, imprudente, desato los códigos
del tiempo.
Maldigo los bordes y las cercas.
Escupo a los guardianes de la sangre.
Seiscientas sesenta y seis veces
seiscientas sesenta y seis
quede su afán derrotado, cada mañana.
Ni parapetados en cifras
me esconderán de nuevo.

Alardear grotesco

Tras el sonámbulo telón de las farándulas
surge la vana audacia del bastardo que alardea
en los mustios calveros de las plazas públicas
–con la cólera del congregado por la hiena glotona–
del espectáculo de sus farsantes y lóbregos orgullos.

Estos dramáticos mendigos de la oportunidad,
apestando a infernal sofisma,
se zambullen en el vaudeville vertiginoso
de la embustera complacencia
O se asfixian en acostumbrados manjares
de rebaños enfermos y engañosos,
enervando, incluso, a los frívolos y espléndidos borrachos.

Son falsos e ingenuos hijos de madres olvidadas
–y padres infantiles– que acallan sus instintos
con la desvanecida compostura de las fofas infamias
O corren a mutilar sus repugnantes sombras de castrados
en los hechiceros impulsos de las ineptas lujurias del esclavo.

TRÁNSITO

Sobre praderas olvidadas del desierto
Luce la mercancía de infancia evocadora,
Ya sin derrumbe del sonido que deja el bergantín
Y el vago impulso de brasas decorado.

Su Oriente derrotado de emociones falaces,
Vagando en carreteras melancólicas, sombrías…,
Conmueve las soberbias salvajes de melodías burguesas
Ante avenidas juerguistas de Brooklyn o New York.

Olvido las tibias gradas de oro de los campos de mies,
La humareda de escarcha de los valles de plata,
La exiliada ingenuidad de los coros celestiales,

El espejo cromático del estanque de luna…
Y su ilustrada hosquedad de muchedumbres acuáticas…
Por las perfectas bondades del pecado carnal.

UN PAR DE CITAS

“El impulso que lleva al escritor a revelar su secreto forma parte de su oficio, que es comunicar. Es común que el artista, tras su descubrimiento que ha efectuado a solas, quiera de inmediato comunicarlo, así sea oralmente. No importa a cuántos. A alguien. En ese instante no piensa que puedan quitarle un tema, copiarle un desarrollo. El arte es generoso, pródigo, dador, y la verdad es que el secreto del escritor sólo adquiere un sentido cuando se hace público”.

Mario Benedetti, escritor, poeta y filósofo uruguayo.

“El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino. El asesino de mi novela es el escritor. Es decir, yo. Y si no soy detenido en las horas que siguen a esta revelación es que ya no puedes fiarte ni de la literatura”.

Manuel Vázquez Montalbán, escritor y periodista español.

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