Resultados de la búsqueda para: pen plu Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • pgatina el 1333547687 Permalink |  

    Toda su vida se dedicó a mullir la… 

    Toda su vida se dedicó a mullir la realidad de sus congéneres con mentiras blancas.
    Un día la encontraron a punto de asfixiarse entre las plumas blancas de su jaula de cristal. Fue la primera vez que se ahorró regalar su sonrisa a desconocidos, aunque eran sus salvadores, los que acababan de salvar su blanca vida de zambullirse en el negro sin retorno.

     
    • Carlos Burgos el 1333551241 Permalink

      ¿Te refieres al Papa?

    • desde el blog translucidoh el 1333557326 Permalink

      Pues no estaba pensando en él, la verdad, pero mirándolo desde esa perspectiva el Papa también cabe…

    • espinarota el 1333566412 Permalink

      Pienso que hablas de un periodista

    • viva el 1333570419 Permalink

      Nos tienes en ascuas

    • desde el blog translucidoh el 1333620474 Permalink

      No pensaba hacer una adivinanza, pero si queréis os cuento cómo veo esta imagen que me vino … Estaba pensando en un genérico de personas que dedican toda su energía en agradar a los demás, haciéndoles ver una realidad positiva y placentera- con plumas blancas-, cuando ellos no la viven así, hasta que un día se ahogan en su propia contradicción. Esfuerzo sobre esfuerzo en hacerle la vida más fácil a los demás cuando ellos se mueren por dentro sin fe alguna.
      Me venía a la cabeza una mujer que no sabe poner límites ni tiene centro, y vive con la máscara de la sonrisa y de “aquí no pasa nada, todo es maravilloso”…

    • Liacice el 1333628168 Permalink

      Ahora lo veo claro y, además, me recuerdan a alguna persona que conozco y…¡coincido en que, por desgracia, no acaban bien!. Ejemplos cercanos lo corraboran. Y no me refiero sólo a mujeres. Conozco a bastantes más hombres qeu se están comportando así en estos tiempos de crisis:unos no se atreven a confesar su precariedad laboral y siguen pagando ellos las rondas del bar, otros se inventan trabajos, incapaces de decrile a su pareja que les despidieron, otros no piden ayuda ni a su propia familia para llegar a fin de mes… Las mujeres siempre somos más plañideras y eso, tal vez, nos hace ser más resistentes. Claro, siempre que carezcas de orgullo, sino da igual el sexo qeu portes: serás paloma ahogada, como dices. Ah, y al Papá apostólico y romanao también le pega,

  • VIVA el 1221776576 Permalink |  

    sacrificio del cabello 

    Ahora estoy lejos. He cogido mi sombrero, mi pluma, mi pendiente de oro… y parto a lejanas y espectrales tierras.

     
  • VIVA el 1179413903 Permalink |  

    El estío está acechando, Maico 

    El estío está acechando, Maico,
    y da miedo su pupila implacable,
    clavaráse las uñas en mi espalda,
    apenas desde los sures solitarios,
    olvidados.

    Allá ocupada pluma me sostenga
    en el justo junio sin sombrero,
    sin capital, sin jefes.

    En el extremo extremo.

    El estío está acechando, Maico,
    y da miedo su pupila ciega.

    Apenas me ausento, se presiente,
    se acorrala, se desierta,
    y cabe pensar también en otra playa,
    visitada aquel junio,
    aquel cenital junio antes de la carrera.

    Pero dónde está aquel calor,
    me pregunto,
    desde la neutra tela
    que hoy está fría y seca
    y presiente que así morirá.

     
    • Edy el 1144414521 Permalink

      Tiene un tono muy personal

    • Ahasvero el 1144415307 Permalink

      Todavía con algunas asperezas…

    • Goma2 el 1145434986 Permalink

      Otra de las sorprendentes, un diamante en bruto

    • Ahasvero el 1145573066 Permalink

      ser poco refinado y pulido es uno de mis defectos

  • VIVA el 1173210553 Permalink |  

    Dockyard blazes, chaste moose 

    Dockyard blazes, chaste moose
    lying expectation seals
    sunny shapeless nymph
    open clear harps pluck
    bluntly, casks grimace, serene
    moist innumerable.

     
  • VIVA el 1169046351 Permalink |
    Etiquetas: , ,   

    ALFONSO TIPODURO 


    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Armstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.

    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
    • Anonimo el 1147965548 Permalink

      Ya lo tengo: el asesino es Gonzalo.

    • Ahasvero el 1147966943 Permalink

      ¡Pero si este es el primer capítulo, hombre o mujer!

    • anónimo el 1147973271 Permalink

      Ese es un pobre hombre

    • Anonimo el 1147973310 Permalink

      Vete a saber!

  • VIVA el 1166225102 Permalink |
    Etiquetas:   

    CONDENADO 

    Estas son mis recompensas… en el aguardiente y la absenta mueren las penas, mi hada verde. Ya sólo deseo que mi pintura no pruebe esa neblina nunca más. No somos los únicos, yo y mis penas… Aquellas entibiadas que tocan los tambores con sudorífico gesto también perecen en alcohol. Si continúan en algún lugar vigentes esas leyes secas, nada espléndidas y arregladas, que al campesino asustan -y a mi me fastidian-, pagaría en especie mi tortura sobre el espectro de mi pluma para volver a ahogarlas en mi hada verde. Dibujaría de nuevo aquellas mujeres salidas de mi alucinación indómita. No vamos, no… por un camino deleitable, ni somos ya los huéspedes de lujosos alojamientos para almas modernas y bien cubiertas de esmeraldas. Los silencios han vuelto, como Noé tras el diluvio. Y cuesta amar, ya no hay amores en el varadero celestial, tan sólo esos gusanos que impiden el olvido de la deidad perdida. ¿Es que ninguno tiene ya esta nefasta necesidad?

     
    • carlos el 1166300395 Permalink

      ¡no veo la muñeca de latex que deseaba pedirte prestada!

    • popi el 1166336238 Permalink

      La tengo yo, Carlos. :P

  • VIVA el 1165393423 Permalink |
    Etiquetas: ,   

    Donato 

    Todas las noches a las tres, cuando cerraban el BAR KISS, Donato cogía su bandolera y su silbato, el que le regaló un poli de la comisaría de municipales, y se marchaba a su casa. Cuando pasaba por la esquina de la comisaría le silbaba al de la puerta, como si tuviera que recordarle que seguía conservando el silbato, o simplemente por que le hacía gracia “tocarle el pito a la policia” – decía jocosamente a su amigo “El chino”. Al Chino le hizo tanta gracia la primera vez que se lo contó que tuvo que ir a mearse en la obra.

    Cuando llegó a casa su mujer ya dormía. “Gracias a dios – pensó – con lo insoportable que es esa vaca del asfalto”.

    Tenía que trabajar hasta las cuatro de la madrugada en el coño de Madrid y encima tener que soportar a esa mala bestia. Como de costumbre se hizo una paja en el baño y se fue a acostar al salón para no despabilar a su mujer.

    A las cinco y media se despertó sobresaltado. Estaba sudando. Soñaba. Deliraba. Augusto disecaba a su mujer y luego la policía venía a detenerlo a él y se lo llevaban a la cárcel y en la cárcel le clavaban plumas de loro hasta que le reventaban las tripas y Augusto sonreía con cara de estúpido. ¡Menudo pájaro, menudo pájaro! – gritaba “El Loro”- y en ese momento despertó.

     
    • Ahasvero el 1148635702 Permalink

      Donato
      All the nights to three, when they closed the BAR KISS, Donato took its brigand and its whistle, the one that gave poli to him of the police station of policemen, and left to its house. When it passed by the corner of the police station whistled to him to the one of the door, as if it had to remember to him that it continued conserving the whistle, or simply so that made grace “touch to him to him the whistle to the police” – humorous said to its friend “the Chinese”. To the Chinese the first time did as much grace to him that was told it that had to go to piss to works of opposite.
      When she arrived at house her woman already slept. “Thanks to God – it thought – with the unbearable thing that it is that cow of asphalt”.
      It had to work until the four of the dawn in coño of Madrid and above to have to support to that bad beast. As usual a straw in the bath was made and it went away to lay down to the hall not to despabilar to his woman.
      To five and the average one one awoke frightened. It was sweating. It dreamed. It was delirious. Augusto dissected its woman and soon the police came to stop it to him and they took it to the jail and in the jail they nailed parrot pens to him until the guts burst to him and Augusto smiled with face of stupid. Slight bird, slight bird! – the Parrot shouted “” – and then it woke up.

c
Crea una nueva entrada
j
Siguiente entrada / Siguiente comentario
k
anterior entrada/anterior comentario
r
Responder
e
Editar
o
mostrar/ocultar comentarios
t
ir al encabezado
l
ir a iniciar sesión
h
mostrar/ocultar ayuda
shift + esc
Cancelar