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  • VIVA el 1454750060 Permalink  

    Duero de oro y sangre donde no crecen… 

    Duero de oro y sangre,
    donde no crecen las violetas.
    Taimada estirpe congénita,
    degenerado transcurso
    de castellano viejo.

     
  • VIVA el 1454372417 Permalink |  

    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho—… 

    A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho— por su ARMONÍA Y ESTRAGO publicado en Editorial Renacimiento (Sevilla, 2015)

    I

    Bien jóvenes descubrimos
    el ESTRAGO, la infamia,
    la piedra de Sol envenenada,
    el cáliz de heces, desalmado,
    la mosca en las heridas,
    la inútil oración de los vencidos…

    Tan sólo nos quedaba la palabra…

    Y escribimos con lágrimas de sangre
    un salmo de cristal y meteoros,
    el acerado himno de las sombras,
    la descarnada balada del amor,
    la invencible oda de sol
    de la ARMONÍA.

    II

    Nuestras máscaras son un espejo: lo que hay dentro hoy, estuvo fuera ayer; y ayer estaba dentro, lo que hoy sale hacia afuera. El tuétano de cada uno, son las almas de los demás que pasan por el prisma de nuestra apariencia. Cada poeta es esencia de sus poetas, o dicho de otra forma, la sombra chinesca de sus huesos. La cicatriz del presente es dolor y goce infringido que nos devolvemos, multiplicado o dividido, por nuestras especulares máscaras. Así, sembramos cada día, mutuamente y en soledad, el verso robado de nuestra panegírica elegía.

    Salud, hermano.

     
    • Manuel Moreno el 1454419326 Permalink

      Hermano, gracias emocionadas, ya me hubiera gustado a mí ser el autor de unos cuantos de los versos que escribes en mi semblanza poética. Tan solo nos quedaba la palabra, pero ahora nos queda la amistad. Abrazo interminable.

    • Ahasvero el 1454429434 Permalink

      De nada, hermano. Pero no es cierto que no sean tuyos los versos, yo sólo he reflejado -incluso copiado- los versos de tu libro para esa semblanza. Sólo son una sombra chinesca de tus huesos en ARMONÍA Y ESTRAGO, como ya he dicho antes. Infinitos abrazos.

  • Rosa el 1363128600 Permalink |  

    ¡Agoniza! 

    Con el rostro desnudo de alegría
    y la paz arrancada a borbotones;
    con el cuero del alma hecho jirones,
    la conciencia acomete un nuevo día.

    Acogido al derecho de ordalía,
    no se exime el afán de sus funciones
    blandiendo, al sucumbir, preciados dones
    aunque el mal lo alancee a sangre fría.

    ¿Dónde está la virtud de aquella España
    encendida en el oro de su tierra
    balcón de girasoles y amapolas?

    Hincando en ti su filo la guadaña
    segó la libertad, tronó la guerra
    regando con tu muerte sus corolas.

    ©Rosa María Lorenzo (24/1/2013)

     
  • VIVA el 1195234847 Permalink |  

    toro 

    Monté en mi cabalgadura. El camino era largo. Paciencia. Sabré llegar a mi destino. El camino estaba plagado de monstruos. Los ríos eran de sangre.

     
  • VIVA el 1195058024 Permalink |
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    yoga 

    sinrazón aquí
    empedrado de lágrimas
    muestra su encanto
    toma cicuta
    la torre enhebra nubes
    coro de pensamientos
    luna de sangre

     
  • VIVA el 1163276074 Permalink |
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    MERCADER 

    EXT. BOSQUE. NOCHE.
    Un bosque con frondosos árboles. Pájaros, lobos, zorros, ciervos, tormenta cada vez más intensa. Muy, muy lejos se divisa una cabaña.
    Un rey, que está cazando, cabalga por un camino con su caballo. El rey va de caza con sus criados. Se nubla, llueve, el rey y sus criados se extravían y buscan refugio.
    La tormenta arrecia y los criados y la guardia real se desbandan todos.
    CRIADOS. Majestad, volvamos, la tormenta arrecia.
    REY. No, no, sigamos al zorro, se fue por este camino.
    El rey sigue el camino y encuentra la lejana cabaña.
    REY. ¡A mí la guardia!
    REY. ¡Cobardes y viles criaturas!
    El rey dispara a los pájaros.
    Los pájaros huyen en desbandada y luego vuelven a posarse.
    Un pájaro muere. Los pájaros huyen en desbandada pero luego vuelven a posarse y atacan al rey.
    REY. Quien se mete debajo de hoja, dos veces se moja.
    CABALLO. ¿Y yo que hago aquí? ¡Brrr..!

    INT. CABAÑA. NOCHE.
    La cabaña tiene unos catres, una mesa, unas sillas, etc. Fuego encendido crepitando. Patos, cisnes, pavos reales.
    En la sencilla cabaña hay un viejo mal vestido, de barba larga y blanca.
    REY. ¿Me das albergue, viejo?
    VIEJO. Venid y secaos al fuego, Majestad.
    El rey tiende la ropa en la silla.
    El rey se acerca al fuego.
    El rey se echa a dormir en el catre. Se despierta por la noche al oír hablar al viejo. Al no verlo dentro de la cabaña, sale a buscarlo fuera.

    EXT. CABAÑA. NOCHE.
    Estrellas titilando, búhos.
    El rey sale. El cielo está despejado. El viejo está sentado en el escalón.
    REY. ¿Con quién hablas, viejo?
    VIEJO. Con los planetas, Majestad.
    REY. ¿Y que les dices a los planetas?
    VIEJO. Les agradezco la fortuna que me han dado.
    REY. ¿Qué fortuna, viejo?
    VIEJO. Me concedieron la gracia de que mi mujer diera a luz esta noche, y nació un varón; y a vos la gracia de que vuestra mujer diera a luz también esta noche, y le nació una niña; y cuando llegue el momento mi hijo será el marido de vuestra hija.
    REY. ¡Ah, viejo descarado! ¿Cómo te atreves a hablar de ese modo?
    El rey entra de nuevo a la cabaña muy enfadado.
    REY. ¡Me las vas a pagar!
    REY. Bonita luna.

    INT. CABAÑA. DÍA.
    Canto de los gallos, cerdos, gatos. El rey se vuelve a vestir. Con las primeras luces el rey sale de la cabaña. El rey toma el camino de regreso a su palacio.

    EXT. PRADERA. DÍA.
    Rechinar de ruedas oxidadas. Burros, vacas, liebres, conejos. El rey se encuentra en el camino a caballeros y criados que vienen en su busca. Los caballeros se inclinan ante él exageradamente.
    CABALLERO2. Buenos días, Majestad, ¿Cómo se encuentra su Majestad?
    CABALLERO1. Felices nuevas, Majestad. Anoche la Reina dio a luz una hermosa niña.
    REY. ¡Apartaos, pelotas, déjadme seguir!
    REY. ¡Arre!
    El rey fustiga al caballo y se dirige a palacio cabalgando a todo galope.
    REY. ¡Qué corte, señor, qué corte!
    REY. ¡Esbirros!
    CRIADO1. Su Majestad no parece de humor.
    CRIADO2. Nunca lo está.
    CRIADO2. Nuestros amos son unos…
    CRIADO1. ¿Genuflexos..?

    EXT. PALACIO. DÍA.
    Campanadas, trompetas. El rey llega cabalgando al palacio real y desmonta de la silla en el patio de armas. Las nodrizas le muestran la niña al rey. Le rodean cortesanos que le felicitan.
    REY. Que busquen a todos los hijos varones nacidos esta noche en la ciudad y les quiten la vida.
    JUGLAR1. Fea o bonita será..
    JUGLAR2. Tonta o lista crecerá..
    JUGLAR1 ¡Oh, que terrible será..!
    REY. ¡Basta ya, desmedrados bufones!
    Relinchan los caballos. Los perros ladran y huyen asustados.

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Gritos, llantos, jaleo. Palomas, ratas y ratones huyendo. Los soldados se dispersan por las calles de la ciudad y en poco tiempo la registran entera.
    SOLDADO1. Aquí no hay nada.
    SOLDADO2. Claro que sí, mira.
    Los soldados encuentran a un varón nacido esa noche.
    SOLDADO2. Ya no busques más..
    SOLDADO1. ¿Tu hijo ha nacido esta noche?
    MUJER. No, no..
    Los soldados se lo arrebatan a la madre.
    SOLDADO2. Tenemos que llevarlo al bosque para matarlo por orden del Rey.
    MUJER. ¡No, no..!
    SOLDADO1. Es una niña. No nos interesa.
    SOLDADO2. Ya no busques más..

    EXT. BOSQUE NOCHE.
    Aullidos de perros. Ardillas. Dos soldados llevan al niño y lo dejan en el suelo.
    SOLDADO1. Hazlo tú.
    SOLDADO2. No, no.. hazlo tú.
    Uno de ellos levanta su espada para matarlo. El soldado baja su espada, no se atreve a matar al niño.
    SOLDADO1. ¿Pero de veras tenemos que matar a este inocente?
    SOLDADO2. Yo tampoco puedo hacerlo.
    SOLDADO1. ¿Y ahora qué hacemos? El rey nos matará a nosotros.
    El perro ladra a los soldados.
    SOLDADO1. Se me ocurre una idea. Matamos a ese perro y con su sangre empapamos los pañales y se los llevamos al rey.
    SOLDADO2. ¡Qué buena idea! Pero ¿Y el niño?
    SOLDADO1. Lo dejamos aquí y que dios le ayude.
    Así lo hacen.
    SOLDADO2. ¡Pobre perro!
    El niño llora. El niño balbucea. El niño llora.
    CABALLO1. ¡Qué crueles! ¿Serán capaces?
    Los caballos relinchan.

    EXT. BOSQUE. DÍA.
    Llanto de niño. Un mercader pasa por el bosque en viaje de negocios y oye llorar a un niño. Lo busca entre los arbustos. El mercader encuentra un trozo de pañal. El mercader busca y no haya nada. El mercader busca y no haya nada. El mercader encuentra al niño y trata de calmarlo. El mercader se lleva al niño consigo y lo sube al caballo.

    INT. CASA NOCHE.
    Balbuceos de bebé. Perros, gatos. El mercader entra en su casa llevando en los brazos un atillo.
    MERCADER. Mujer, la mercancía que traigo esta vez no la he comprado. Es un niño que estaba en medio del bosque. Nosotros no tenemos hijos. Este es un regalo del señor.
    MUJER. Lo criaremos y educaremos como si fuera nuestro hijo y siempre creerá que realmente lo es.

    INT. CASA. DÍA.
    Música de fiesta. Moscas, mosquitos, avispas, abejas. Fiesta en casa del mercader. El hijo del mercader cumple 20 años.
    MERCADER. Hijo mío, yo estoy envejeciendo, tú te haces hombre. Encárgate de mis cuentas, mis registros, mis cajas de caudales. Tú seguirás con mis negocios.
    El joven prepara sus baúles dispuesto a partir con sus criados a recorrer el mundo para ejercitarse en los negocios con la bendición de sus padres.
    AMIGO. ¡Qué suerte la tuya!

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Ruido de carros, caballos, burros, voces de arriero. Serpientes, tortugas, reptiles. Ajetreo del mercado. El joven recorre un reino extranjero comerciando con sus joyas y piedras preciosas. La fama del mercader llega al Palacio Real. El rey le hace llamar para ver sus piedras preciosas.

    INT. PALACIO. DÍA.
    Juglares. El rey, el mismo que ordenó matarle, le recibe en la sala de audiencias del palacio real. El rey llama a la princesa, convertida ya en una bella muchacha de 20 años.
    REY. Acércate a ver si hay alguna joya que te guste.
    La princesa apenas ve al joven mercader se enamora de él.
    REY. ¿Qué pasa, hija mía, qué tienes?
    PRINCESA. Nada, papá.
    REY. ¿Quieres algo? Habla.
    PRINCESA. No, papá, no quiero joyas ni piedras preciosas. Yo sólo quiero casarme con este hermoso joven.
    El rey examina al joven mercader.
    REY. ¿Y tú quién eres? Dime.
    JOVEN. Soy hijo de un rico mercader y recorro el mundo para ejercitarme en los negocios, y ocupar después el puesto de mi viejo padre.
    El rey, considerando las riquezas del joven mercader, decide conceder al joven la mano de su hija. El joven parte para invitar a sus padres a la boda.
    CORTESANA. Qué apuesto.
    CORTESANO. Lo que tu digas, querida.
    CORTESANA. Qué apuestas a que…
    PRINCESA. Silencio, ya basta de cuchicheos.

    INT. CASA. NOCHE.
    Cuchicheo de comadres. El joven se presenta en la casa de sus padres. Les cuenta el encuentro con el rey y la promesa de matrimonio. Entonces la madre palidece de golpe y empieza a injuriarlo.
    MUJER. Ah, ingrato, quieres dejarme, te enamoraste de esa princesa y ya no ves la hora de irte. ¡Puedes irte ahora mismo! ¡Que no te vuelva a ver en esta casa!
    JOVEN. Pero, madre mía, ¿Qué he hecho yo de malo?
    MUJER. ¡Qué madre, ni qué narices! ¡Yo no soy tu madre!
    JOVEN. ¿Cómo? ¿Y entonces quién es mi madre, si no tú?
    MUJER. Pues vete a saber quién es. ¡A ti te encontraron en medio del bosque!
    Y el mercader le cuenta la historia al pobre joven que casi pierde el conocimiento.
    JOVEN. ¿Qué he hecho yo de malo?
    El mercader, ante la cólera de su mujer, no tiene el valor de oponerse. Afligido, provee al joven de dinero y mercancías y le deja partir.
    CRIADO, en voz baja. ¡Cómo está la jefa!
    CRIADO. ¡Arrea, que notición!
    MERCADER. Espera, hijo, espera, no te marches así.
    Cuchichean criados. Ladra el perro.

    EXT. BOSQUE. NOCHE.
    Canto de cigarras y grillos. Hormigas trabajando. El joven llega desesperado, se tira al pie de un árbol y dando puñetazos en el suelo suspira.
    JOVEN. ¡Ay, madre mía! ¿Qué voy a hacer ahora, tan solo y desconsolado? ¡Alma de mi madre, ayúdame!
    Junto a él aparece un viejo mal vestido de barba blanca y larga.
    VIEJO. ¿Qué te pasa, hijo?
    El joven le confía sus pesares.
    JOVEN. Así que no puedo volver con mi prometida puesto que no soy el hijo del mercader.
    VIEJO. ¿Y de qué tienes miedo? Tu padre soy yo y voy a ayudarte.
    El joven mira al viejo harapiento.
    JOVEN. ¿Tú mi padre? ¡Lo habrás soñado!
    VIEJO. Sí, hijo mío, soy tu padre. Si vienes conmigo, te traeré suerte. Si no estás perdido.
    El joven mira a los ojos del viejo y piensa ‘Perder por perder, mejor me voy con él. Después de todo no me queda mucho donde elegir’.
    JOVEN. ¿Tú qué dices caballo?
    CABALLO. Yo que tú le haría caso al viejo.
    Hace montar al viejo a la grupa del caballo y parten para el reino de su prometida.
    JOVEN. Demuéstramelo.
    VIEJO. Si vienes te lo demostraré..
    VIEJO. ¿Qué, has decidido ya?
    CIGARRA. ¡Eh, que yo no soy de este cuento!
    HORMIGA. Ni estos tampoco.
    La cigarra canta y la hormiga trabaja.
    GRILLO. ¡Bocazas, bocazas.. que lo demuestre, que lo demuestre!
    El grillo canta y la hormiga trabaja.
    HORMIGA. Es como la cigarra y el grillo, un andrajoso.

    EXT. PRADERA. DÍA.
    Cascos de caballo y asnos. Mientras vuelven al palacio, van conversando por el camino.
    VIEJO. ¿Y quién dices que te encontró?
    JOVEN. ..y me encontraron en el bosque..
    JOVEN. Un comerciante ismaelita fue.. es mi padre.

    INT. PALACIO. DÍA.
    Cuchicheos palaciegos. El joven y el viejo llegan al Palacio Real y se presentan en la sala de audiencias del rey.
    REY. ¿Dónde está tu padre?
    JOVEN, señalando al viejo. Este es.
    REY. ¡Este! ¿Y tienes el coraje de venir a pedir a mi hija?
    VIEJO. Majestad, yo soy aquel viejo que hablaba con las estrellas y os anunció el nacimiento de vuestra hija y el de mi hijo, que debía casarse con ella. Y este, como ya os ha dicho, es ese hijo mío.
    El rey da un brinco del trono.
    REY. ¡Viejo descarado, fuera de aquí! ¡Guardias a él!
    El rey se queda petrificado.
    VIEJO. ¿Majestad?
    Los guardias se adelantan a cogerlo, entonces el viejo se abre la raída vestimenta a la altura del pecho y aparece el Toisón de oro, símbolo del emperador
    GUARDIAS. ¡El emperador!
    REY. ¡El emperador!
    TODOS. ¡El emperador!
    REY. Perdón, Sacra Majestad. No sabía con quién hablaba. Esta es mi hija, cúmplase tu voluntad.
    La princesa y el joven se besan y abrazan.

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Ajetreo de un mercado. Golondrinas, oso amaestrado, cabras, ovejas, gallinas, pollos.
    UNO. Así que el Emperador, cansado de la corte, recorría el mundo disfrazado de pordiosero, solo, hablando con los planetas y las estrellas.
    OTRO. ¿Y dices que hoy mismo se concertaron las bodas?
    UNO. Así es. Y hoy llega el mercader y su mujer, que han sido llamados por el joven para asistir a su boda.

    INT. PALACIO. NOCHE.
    Canto de juglares, bullicio palaciego. El joven recibe a sus padres en el palacio real. Les da un abrazo.
    JOVEN. Hoy me caso con la princesa. Vosotros me echasteis de casa y por ello…
    JOVEN. …os debo mi fortuna, Pero vosotros siempre os quedaréis conmigo. ¡Padre y madre mía, porque para mí vosotros sois mi padre y mi madre!
    Y los viejos, enternecidos, rompen a llorar.

    EXT. CIUDAD. NOCHE.
    Desde la plaza mayor se ve un gran festín nupcial en toda la ciudad. El hijo del emperador se casa con la hija del rey.
    UNO. Y ellos vivirán contentos y felices..
    OTRO. Y nosotros con un palmo de narices..
    Fuegos artificiales.

    JUGLARES. ¡Viva el rey!
    TODOS. ¡Viva!

     
    • carlos el 1163358610 Permalink

      Prefiero las peores democracias cortas,
      a los mejores reinados largos.

  • VIVA el 1162340146 Permalink |
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    INT. IGLESIA. DÍA 

    El Padre Yanke era gris. Su nombre era gris. Su cara era gris. Su pelo era gris. Su cabeza era gris. Sus gruesas gafas de culo de vaso eran grises. Su orondo cuerpo era gris. Su roída chaquetilla de lana -sobre su gris sotana- era gris. Su adocenado sermón era gris. La rancia casa parroquial donde vivía era gris. Su ramplona iglesia era gris. Las nausebundas hostias de consagrar eran grises. Su doliente y adulterado Cristo era gris. Su parroquia y sus gregarios parroquianos eran grises. Su mundo era gris. Todo alrededor del padre Yanke era gris, incluso su sangre no era roja, sino de un gris entre marengo y horchata. Todo -excepto Carlos Gayol, su cromático feligrés, contrito pecador y confesante reincidente- era gris. Gayol era una mosca negra en el vaso de leche agrisada del Padre Yanke, el cebo irisado de un triste y apagado pescador, de un pastor de grises y anodinos corderos modorros que pastaban en su agrisada y mohína pradera y que, en este preciso momento, llegaba revoloteando al excusado y vetusto confesionario del cura gris. […]

     
    • carlos el 1162337901 Permalink

      ¡Me fascinó el arco iris de grises!

    • Ahasvero el 1162338157 Permalink

      Sin duda los tonos de gris son más numerosos que los colores del arco iris, tintadelcorazon.

    • popi el 1162339642 Permalink

      Me encanta el gris.

    • Ahasvero el 1162339839 Permalink

      Un gris tirando a negro de muerte: Hoy hemos muerto!

  • VIVA el 1161950426 Permalink |
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    DIEZ BILLONES DE CUENTOS (gugolcuento) 

    He rescatado de la Biblioteca de Babel un famosísimo cuento que su autor perdió en un naufragio. El problema es que sus frases están arbitrariamente ordenadas de forma alfabética. Las combinaciones, variaciones o permutaciones* de las frases de este cuento dan lugar a la inimaginable cifra del título de este post (creo, pues las matemáticas no son mi fuerte). He puesto a mi ordenador a trabajar para ir combinando estas frases hasta dar con el original, pero según mis cálculos habré muerto cuando acabe. Estoy desesperado. No puedo abordar tal tarea yo solo. Abatido por esa desalentadora perspectiva, únicamente se me ocurre acudir a vosotros para que me ayudéis en esta ingente tarea. Estas son las frases:

    A la madrastra no le gustaban los niños
    Aquel día tuvo un sueño revelador
    Aquello le recordó el brillo de las estrellas
    Después de adentrarse profundamente
    Dibujando en la pared con maestría
    El ruido de furias gobernantas
    El viento soplaba sobre el lago
    Estaba manchado de sangre
    Estaban como locos
    –Este amuleto es perfecto–exclamó sonriente.
    La Iglesia de Cristo
    Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí
    Las frutas maduras cayeron al suelo
    Le dio una palmada y despertó sobresaltado.
    Le explicó lo que estaba pasando
    Lo llevó al pozo para lavarlo
    –Lo sentimos, pero hay que obedecer– decía.
    Mientras ellas permanecían paralizadas,
    No hay abrazo más fatal que el de la tierra
    No le cabe la polla entre sus dientes de conejo
    Nos quedaremos sordos
    Pensó: “Aquí se puede descansar”.
    Pero ellos continuaban sin parar
    Se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa
    Si todas las hormigas se ponen a cantar
    Subió al bote y remó durante horas
    Un día, el más largo del verano,
    Un miasmático señor
    –Ya se han marchado–dijo.

    Por favor, ayudad a esta alma en pena a encontrar el cuento original -o al menos alguno que pueda pasar por tal- antes de mi muerte!
    PODÉIS PASARLO COMO MEME, A VER SI ALGUIEN ENCUENTRA EL ORIGINAL Y ME LO ENVÍA. ¡OS DOY CIEN TRILLONES DE GRACIAS DE ANTEMANO!

    * Nota añadida el 7.12.06:
    Un amigo, al que llaman El diablo de los números y cuyo nombre real es Hans Magnus Enzensberger, me ha dicho que el cálculo correcto es hallar el factorial de veintinueve, 29! (él lo llama ¡veintinueve pum!) y según mi calculadora el resultado es 8.8e+30, es decir casi un 9 seguido de 30 ceros.

     
    • jazz el 1161952102 Permalink

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

    • Ahasvero el 1161960678 Permalink

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

    • Purificación Ávila el 1161968873 Permalink

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

    • BlogsiAna el 1161973695 Permalink

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

    • lraggio el 1161991089 Permalink

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

    • Ahasvero el 1161987964 Permalink

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

    • Ahasvero el 1161988138 Permalink

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

    • xalernita el 1162134141 Permalink

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

    • Ahasvero el 1162203379 Permalink

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

    • carlos el 1162316033 Permalink

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

    • lraggio el 1162322284 Permalink

    • fontfranch el 1162340791 Permalink

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

    • Ahasvero el 1162341243 Permalink

      Voy volando a verlo!

    • viva el 1322167781 Permalink

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

    • VIVA el 1497449035 Permalink

      EMMMMM

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