Resultados de la búsqueda para: náusea Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • VIVA el 141024 Permalink |  

    Antes España dolía ahora da náuseas y pronto… 

    Antes España dolía, ahora da náuseas y pronto será vomitiva.

     
  • VIVA el 140115 Permalink |  

    Náuseapatria asco de país 

    Náuseapatria: asco de país.

     
  • VIVA el 130607 Permalink |  

    KUBLAI KHAN 

    En el perímetro circundante se me ha instalado un aquelarre. No un aquelarre cualquiera. Es evidente. No puedo traspasar el círculo y algo me impele a girar sobre mis piernas como un derviche. Su satánico ritual me está convirtiendo en un consumado giróvago. Ya empiezo a entrar en trance místico. Y eso no es lo peor. Dejando aparte vómitos y náuseas, que ya llevan un tiempo rondando por todos los rincones a los que llega mi escaso aliento, lo más grave, hasta ahora, es el reguero de muertos que salen de mi rijoso bálano. Muertos irreconocibles que van quedando esparcidos formando elipses, círculos, parabólicas curvas, sinuosos e intrincados alfabetos, todos ellos parecidos a egos demediados, a los que yo llamo los kublaikhanes de Ballesta y Montera.
    No son malas, empero, estas brujas. De hecho yo las calificaría de magníficas, citéreas, vestales. Desde luego es indudable que saben como mantener el verecundo fuego de la pasión. Bien es verdad que comparadas con las miríficas prostitutas chinas resultan algo plúmbeas e incluso frígidas pero, en cualquier caso, no le dejan a uno gélido. Y siempre están ahí, guardando las esquinas de las calles, ingrávidas y estuosas. Si estas hetairas supieran mantener una conversación inteligente y divertida serían también sencillamente perfectas. ¡Cómo añoro, sin embargo, a mis amadas concubinas y maestras de las geishas!

     
  • Dessjuest el 121226 Permalink |
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    Ahora que se acerca la cosa ¿hasta qué… 

    Ahora que se acerca la cosa, ¿hasta qué día es conveniente decir feliz año nuevo?

     
  • VIVA el 121114 Permalink |  

    Era como la muñeca de plástico que transportaba… 

    Era como la muñeca de plástico que transportaba en el asiento de al lado: insensible, rígido, aséptico y de una aparente belleza inmarcesible de PVC. Daba asco, eso era todo. No un asco a lo nauseabundo, ni a lo orgánico, como puede dar asco una mierda -seamos claros. Era más bien un asco a lo gore, a lo terrible, a lo malvado. Un asco hecho de miedo, terror, náusea.

     
  • VIVA el 090326 Permalink |  

    Y un eco que en mi yo repite yo 

    Qué hay de nuevo, de nuevo en ver,
    ver una mujer que hace de mamá en el parque,
    un parque en que los niños salen corriendo a ver,
    A ver el negro monte, amigos, de una diosa,
    Una diosa que manda en las orgías,
    Orgía de los reyes y su pequeña Virgo,
    Virgo con el fatal insomnio por Bandera,
    Bandera de pasiones en la escuela,
    Escuela eterna de ninfomanía, Diablos,
    Diablos del Habitaquo ciento y uno,
    uno que dice, hombre, sólo eres eco,
    y un eco que, en mi yo, repite yo.

     
    • Manuel Moreno el 090327 Permalink | Inicia sesión para responder

      Yo repito mi nuevo ver,
      ver cansado de sus ojos
      ojos que miran a madres,
      madres de húmedos abismos,
      de abismos que me repiten,
      me repiten hasta la náusea.

    • Arianne el 090327 Permalink | Inicia sesión para responder

      Concatenar cadenas, strings, palabras ,ecos ,yoes.
      Concatenar ojos cansados, madres, abismos, náuseas.
      Concatenarse, unirse, enlazarse , repetirse, repensarse y encontrarse.
      Preciosos poemas.
      Arduas tareas.

    • Arias el 090327 Permalink | Inicia sesión para responder

      Gritar en esos abismos húmedos no produce eco, en todo caso burbujas, y no es extraño que te repita esa sopa que se encuentra entre los abismos de las damas, su sabor es fuerte, como de pescado. Lo que no entiendo es que se repita “hasta la náusea”.

    • sky el 090327 Permalink | Inicia sesión para responder

      @Arias, yo lo que no entiendo es como este medio permite tantas licencias.

      @Arianne, gracias por lo de arduos poemas y preciosas tareas.

      @Manuel Moreno, el eco en los abismos es una maravilla, el insoportable hasta la náusea es el eco del ego en el ego.

    • Manuel Moreno el 090328 Permalink | Inicia sesión para responder

      ¿Y qué es el eco sino una burbuja?
      Ad nauseam, porque en el fondo de toda resonancia siempre está la voz del yo, que es la madre de todos los ecos abismados. Joder vaya paja mental me acabo de montar yo solito.

  • VIVA el 080913 Permalink |  

    Sagitario 

    Tanto da la mentira
    O mirarse al espejo,
    aterrado…
    El aborto del vivo,
    la ficción del que piensa,
    que se acabe la vida,
    que vengan a pie o a caballo,
    que la náusea crepite…

    Si todo parte, remoto,
    al fragor del olvido,
    tanto da el cielo, inmenso,
    tanto da la belleza.

     
  • VIVA el 080828 Permalink |
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    Templo de Salomón 

    Lo escrito, escrito está…

    Se había esfumado el guerrero luminoso, y en su sitio quedaba su doble, el guerrero hecho de sombras. Salomón, al reproducir los rasgos de su primo, decolorándolos, hasta en la circunstancia trivial de su vestidura, simbolizaba mejor que ninguna retórica fúnebre la mudanza fundamental que entrañaba su pérdida. No lo había perdido él a Salomón; Salomón le había perdido a él, en el templo. Y la sensación de vacío que le embargaba y provocaba una náusea permanente, le condenaba a mirar dentro de , a mirar en su interior como en el arcano de una caverna habitada por monstruos fieros y tristes. Era una sensación desoladora. Hasta entonces, el duro caparazón de su egoísmo, de su recelo, le había protegido contra ella, pero la muerte de Horacio desmoronó sus baluartes. Estaba viejo; estaba cansado. El peso de otras desapariciones, de otras muertes, antiguas o próximas, la de Ariadna, la de Rudolf Steiner, la de Percy Ernst Schramm, la de Sigfrido, la de Tseu Tchoang, se acumulaba conjuntamente sobre sus hombros. Le aplastaba y experimentaba, de golpe, lo que no había sentido en su plena hondura cuando se sucedieron esas etapas, porque en cada ocasión miró hacia adelante. Ya no había a dónde mirar. Y todo —las armas y los ropajes, las empavesadas velas, las proas doradas, el regocijo victorioso de la vida— se desmenuzaba en cenizas. Totalmente desamparado, el primer síntoma de esa evidencia se trasuntaba, físicamente, en la extraña palidez que se apoderaba de su contorno y que daba la impresión de que se movía entre espectros transparentes. 

     
  • VIVA el 080823 Permalink |
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    ANTOÑITO 

    El tío Antonio toma el sol en la esquina y mira su reloj. Su única preocupación es saber la hora exacta. Y mantener su reloj de muñeca en hora, claro, mientras toma el sol en la esquina. Mira su reloj, agarrándose la muñeca, porque el pulso le tiembla, y acerca su vista, porque ya no ve bien. Las cinco y diecinueve, murmura. Dado que su reloj se retrasa por el día y se adelanta por la noche, le preocupa enormemente saber la hora exacta. Al cabo de los años ha calculado cuanto se retrasa y cuanto se adelanta. Para su edad es una compleja fórmula de resolver, pero a base de ensayo y error es casi seguro que puede calcular la hora en punto. Eso dice. Con frecuencia, cuando paso a su lado, me pregunta, bueno, en realidad siempre que paso a su lado me pregunta ¿Tienes hora? ¿Qué hora es? ¿Llevas reloj? Aunque de sobra sabe que sí tengo, porque en mi primera comunión me regaló un reloj, mi primer reloj, y siempre lo llevo puesto. A mí el tiempo no me importa, no, al menos todavía, pero como sé que me va a preguntar la hora, siempre lo llevo puesto. ¿Qué hora tiene tu reloj?, insiste. Las cinco y veinte, creo. Digo yo. Pero cómo que creo… —protesta— ¿ya son y veinte en punto o no? Como el tuyo tiene segundero es más exacto. A ver, dime la hora exacta, dice. Las cinco, veinte minutos y quince segundos, le digo para tranquilizarlo. Ah, ves, el mío no tiene segundero, …como es viejo. El mío todavía tiene y veinte. Se atrasa, por el día se atrasa. Y vuelve a mirar su reloj, su dorado y viejo reloj. Aunque por la noche se adelanta, ¿sabes? Me cuenta por enésima vez. Sólo está en hora dos veces al día, ¿sabes? Es un buen reloj, no creas. El mío sólo se adelanta, le digo, y ni siquiera sé cuánto. Y eso que te compré el mejor reloj que tenían en la tienda de Frasco, dice. Ya no hacen relojes como los de antes, Toni. Concluye, como siempre. Este me lo regaló mi tío Anton para mi primera comunión, como yo a tí, me revela. De pronto una náusea me invade. Me veo viejo, sentado al sol y contemplando mi viejo reloj con segundero, preocupado por cuánto se atrasa o se adelanta mi reloj, preguntando a mi sobrino ¿Qué hora es en tu reloj, Antoñito? Entonces corro a mi casa y agitado le digo a mi madre: yo no quiero llamarme Antonio, y arrojo el reloj a la basura.

     
  • VIVA el 070813 Permalink |
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    Julio Skarmenti 

    Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
    Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

    —Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

    Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.

    Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.

    El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

    Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula.

    A pesar de su empecinamiento, la mula sabía hacer su trabajo con el más esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorría las más importantes plazas y calles del lugar, lo cual permitía a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y latón- su maravilloso y único espectáculo en el mundo. Espectáculo en el que todos tenían su papel asignado, desde la cabra, que no sólo daba leche a la familia sino también conciertos de pedorretas al público congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quimérica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantalón de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse oídos sordos pues su estertor era fácilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en más de una ocasión entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

    Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

    Caminó entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas pétreas estuvieran abandonadas a la intemperie. Pequeñas veredas se bifurcaban, dándole la oportunidad de sentir la náusea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sentía que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tomó el amplio paseo que conducía a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentación de caminar bajo su sólido y único arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes oía a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofrío, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspondía, recorría su cuerpo. […]

     
    • boscour el 070814 Permalink | Inicia sesión para responder

      Esto merece un largo, muy largo desarrollo. Buenísimo.

    • Ahasvero el 070815 Permalink | Inicia sesión para responder

      Puede continuarse… :lol:

    • boscour el 070816 Permalink | Inicia sesión para responder

      …que muy seria, como si reconociese por adelantado no sólo haber elegido el camino correcto hacia el escenario donde estaba escrito que se desarrollara el próximo capítulo del destino de los Skarmenti, sino el argumento mismo de dicho futuro familiar.
      Julio compartía con la mula ese secreto que los demás apenas sospechaban lo suficiente como para no contradecir las manifiestas y tercas intenciones de la mula que, llegada a cada bifurcación de los caminos, tendía a desviarse más y más hacia los altos montes donde los últimos escitas escondían aquellos juegos de piedras gastadas por el manoseo a que eran sometidos en procura de torcer el sempiterno veredicto. Todavía faltaba mucho, pero el muchacho y la mula sabían que se estaban aproximando. Faltaban los diluvios del hondo valle entrevistos en los sueños repetidos, donde y cuando las bestias se enterrarían hasta los cuartos y las carretas hasta los ejes. Faltaba pasar por el ataque de las manadas de perros cimarrones enfurecidas por el hambre. Faltaba todavía atravesar aquel desierto extrapolado de antiguos mapas manuscritos, donde el agua tornaríase en sangre y el sol se clavaría en un perenne cenit de plomo derretido. Por no más que mencionar algunas cosas de las tantas que faltaban ocurrir antes de terminar la actual jornada, La última luminosa.

    • Ahasvero el 070821 Permalink | Inicia sesión para responder

      en una jornada piensas liquidarte el muy, muy largo desarrollo?

    • boscour el 070822 Permalink | Inicia sesión para responder

      No sería para tanto pero puedo afirmar como testigo inoportuno que he sido, que harto trabajo le daba a Julio Skarmenti extrer de entre sus ropas y desarrollar ante los ojos de la golosa mula la desproporcionada probostide inguinal que la naturaleza y tal vez la suerte, le habían regalado. No otro era el motivo que llevaba a la jumenta a arrastrar a Julio hacia los más apartados bosques, los más solitarios valles y en fin cualquier lugar donde pudiera esperar tranquila el desarrollo de los acontecimientos.

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