SOLVE ET COAGULA

Sobre su ombligo crecen
Burbujas atroces de pus.

La bruma se extiende
Por una playa infinita
De cristales rotos
Sobre los que institivamente
El mendigo, arrastra
Los jirones del delirio,
Los guiñapos
De estrellas apagadas
Y todos sus rescoldos cenicientos.

El mar eyacula
una espuma verdosa
Y naufragan sus sombras
en los cielos de bruma.

El sol adiestra las sienes
del narrador omnisciente.

Corto pues esta parte del todo
Con aquella palabra afilada
Y esta otra expresión cosecha
Otro fragmento del ser entero.

¿Qué mundo no asciende ni desciende?

TODO EN DANZA

La vida, la muerte, la historia,
la piel, la hora, la luz y la sombra,
la sabiduría, la ciudad y sus calles,
-todo en danza-
que vengan, que enamoren a todos,
al corazón, al mundo, al espíritu,
al cielo, al infierno y al aire…
que vengan como un sueño,
un momento, un suplicio…
que vengan donde se despiertan los niños,
los consejos, los mendigos, los sueños,
los cadáveres.

El roto

Una casa mal encalada es como un mendigo con camiseta rota, está en su derecho de estar de mal humor.

Alardear grotesco

Tras el sonámbulo telón de las farándulas
surge la vana audacia del bastardo que alardea
en los mustios calveros de las plazas públicas
–con la cólera del congregado por la hiena glotona–
del espectáculo de sus farsantes y lóbregos orgullos.

Estos dramáticos mendigos de la oportunidad,
apestando a infernal sofisma,
se zambullen en el vaudeville vertiginoso
de la embustera complacencia
O se asfixian en acostumbrados manjares
de rebaños enfermos y engañosos,
enervando, incluso, a los frívolos y espléndidos borrachos.

Son falsos e ingenuos hijos de madres olvidadas
–y padres infantiles– que acallan sus instintos
con la desvanecida compostura de las fofas infamias
O corren a mutilar sus repugnantes sombras de castrados
en los hechiceros impulsos de las ineptas lujurias del esclavo.

Madrid

–Cuando España era un Imperio en el que no se ponía nunca el sol, oh Pertusato, vivir en la corte era como pertenecer al Olimpo. Impregnados por la austeridad del rey, hasta los más míseros tullidos parecían sentirse adalides y conquistadores –Dijo el mastín de Nicolasete, mientras nombraba Virrey de las Indias a un mendigo.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑