Se dirigió hacia la luz y al fin descubrió lo que había al otro lado: unos puntos suspensivos…

Siento elevarme hacia lo negro lo negro de…

Siento elevarme hacia lo negro,
lo negro de mi cuerpo que más pesa.
Que pesa en el averno del cielo,
del cielo más profundo y más verde.

Verde de la muerte que me acecha
y acecha en los colores de las grietas,
grietas que perfilan los horrores,
horrores que definen nuestros gestos.

Gestos de odio ante el miedo,
miedo que nos come y nos ata,
nos ata como muertos que somos.

Que somos vivos, eso sin duda.

Nos movemos hacia lo profundo. El fracaso.

La bolita hacía bum cataraplum…cataplum troc tac tercum…. era mi perrita Lakshmi que jugaba haciéndola rodar ! que delicia para mis oídos y ojos cansados de ver y oír los juegos mortales y belicosos de los humanos!!

Valentía: Camina hacia lo desconocido, a lo que te espera al final del pasillo, abre la puerta y descubre lo que hay dentro

Hoy nado hacia la muerte…

Hoy nado hacia la muerte,
serenamente,
como un río hacia la mar,
desprendido
de la vanidad de los paisajes
que yo amaba.

MI EPOPEYA RÚSTICA

Nací a las 12 de la noche de un 29 de marzo de 1964, en el oratorio de la Casa grande o Casa de los Manrique. Un oratorio o capilla de la casa solariega de Rodrigo Manrique, en la que su hijo, Jorge, vivió su feliz luna de miel, y que en mi época había sido mancillado, convirtiéndolo en el dormitorio principal de una parte de la casa, que ahora era una corrala de vecinos, de la que mi abuela materna era propietaria de una cuarta parte de la misma.
Nací pues en un pueblo de La Mancha que había recibido sucesivamente el nombre de Belmontejo de la Sierra, Belmonte y finalmente Villa de Los Manrique o Villamanrique. Un pueblo que, en pleno siglo XX, aún permanecía en la Edad Media. En una época más degradada y mísera aún que aquella debido a los estragos de la postguerra española. En la más oscura y profunda España, católica, apostólica y romana, en un lugar de La Mancha, entre la Sierra de Alcaraz y Sierra Morena, de la que me acuerdo con más nubes que claros. Una tierra en donde los maquis y los bandoleros seguían siendo un tema de conversación habitual. En donde las historias de la guerra civil aún estaban vivas y no habían cicatrizado. En donde la pobreza y la roña eran aceptadas como lo más natural del mundo. Un mundo donde no era difícil encontrarse con quinquis, latoneros, familias de cíngaros ambulantes y gitanos sedentarios. Una tierra de paso, el natural entre Andalucía y la Mancha, llena de caminos polvorientos, de repoblación y despoblación, en la que también había “jaros” procedentes de Europa que Franco había traído para “repoblar” y hasta viejos bandoleros de Sierra Morena. En fin, una honrada y leal villa de la España franquista, a la que no llegó la guerra pero sí sus rencillas, enfrentamientos y consecuencias. Un lugar de paso, en el que nunca nadie ha querido permanecer durante mucho tiempo, un territorio sin raíces y sin historia. Un paso fronterizo durante siglos entre moros y cristianos. Una tierra periférica dejada de la mano de cualquiera que por allí pasase, incluidos Don Quijote y Santa Teresa. Una comarca de soles, vientos y piedras oxidados y olvidados, sin más novedades que las pasajeras y aventureras nubes.
De mi familia paterna sé, según contaba mi padre, que procedía de Andalucía. El primer Alfaro que, según él, había llegado al pueblo era el llamado Abuelo Carbonero, un hombre, al parecer, listo y emprendedor que debió hacerse con una buena cantidad de tierras serranas, vírgenes y sin roturar, que mi familia paterna fue convirtiendo en olivares a lo largo de varias generaciones. Yo mismo me enorgullezco de haber participado junto con mi padre en esa epopeya familiar, en esa conversión de una sierra pedregosa, pobre y arisca en productivos y ordenados olivares, plantando, mano a mano con mi padre, 300 olivos, quizás los últimos 300 que se han plantado ya en la familia. Yo por lo menos no pienso plantar más. A los catorce años se acabó mi rural y bucólica epopeya. Yo también estaba allí de paso. De paso hacia ningún sitio.

EXT. BAJO UN CEREZO. DÍA

La flor de cerezo
mira su ombligo
hacia la inmensidad,
contra los cuerdos
en edredón de plumas
nieves del tiempo.

Todo poema es un camino, un viaje del alma hacia otras almas.

Gélidas, tórridas y templadas nadas, haciéndose una.

A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho—…

A Manuel Moreno—la mitad quijotesca de mi sancho— por su ARMONÍA Y ESTRAGO publicado en Editorial Renacimiento (Sevilla, 2015)

I

Bien jóvenes descubrimos
el ESTRAGO, la infamia,
la piedra de Sol envenenada,
el cáliz de heces, desalmado,
la mosca en las heridas,
la inútil oración de los vencidos…

Tan sólo nos quedaba la palabra…

Y escribimos con lágrimas de sangre
un salmo de cristal y meteoros,
el acerado himno de las sombras,
la descarnada balada del amor,
la invencible oda de sol
de la ARMONÍA.

II

Nuestras máscaras son un espejo: lo que hay dentro hoy, estuvo fuera ayer; y ayer estaba dentro, lo que hoy sale hacia afuera. El tuétano de cada uno, son las almas de los demás que pasan por el prisma de nuestra apariencia. Cada poeta es esencia de sus poetas, o dicho de otra forma, la sombra chinesca de sus huesos. La cicatriz del presente es dolor y goce infringido que nos devolvemos, multiplicado o dividido, por nuestras especulares máscaras. Así, sembramos cada día, mutuamente y en soledad, el verso robado de nuestra panegírica elegía.

Salud, hermano.

La felicidad es como una mariposa Cuanto más…

La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro.
Víktor Frankl; psiquiatra austriaco (1905-1997)

¿Escuchas resonar los cantos gimoteantes de tus entrañas…

¿Escuchas resonar los cantos gimoteantes de tus entrañas, escuchas gorjear el cansancio de mi jadeante voz, de mi brío casi vencido?
Es un llamado de la naturaleza, de codos en la mesa y el envés de tu cuerpo tiritando, con desnudos cuerpos exudados; cantarás mis loores y gritaré tus hazañas después de disfrutar juntos esta amarga ambrosía, y feliz te hallarás; cuando nuestro acto de epítome amor haya culminado, en donde el discernimiento de nuestra indiferencia hacia el cariño idealizado engrandezca con la naciente poesía de la lujuria, en su estado mas puro, mas humano…sin temor, sin pudor.
FhurerPepe

Luis Cernuda

hacia el último cielo,
donde estrellas
sus labios dan otras estrellas,
donde mis ojos, estos ojos,
se despiertan en otro.

Gira tu cuerpo mira atrás vuelve tu vista…

Gira tu cuerpo, mira atrás, vuelve tu vista al pasado y lo único que verás será tu vida.
Vuelve a girar tu cuerpo, pero esta vez mira hacia adelante, vuelve tu vista al futuro y lo que verás será tu camino.

Si no te gusta lo que ves en mí, tienes otros 359° hacia donde mirar.

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