Resultados de la búsqueda para: colgado Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • Manuel Moreno el 1415213773 Permalink |  

    OFICIO DE GANDUL 

    Descolgar las estrellas de su techo,
    Apedrear los soles de los charcos,
    Peinar a las palmeras con los ojos,
    Atizar los rescoldos del crepúsculo,
    Limpiarle los relejes a la luna,
    Lustrar el ébano de las tinieblas,
    Dormir abanicado en tus pestañas.

     
    • arianeintheafternoon el 1415220762 Permalink

      Brillas como el sol, gandul de los siete gremios
      :)

    • Ahasvero el 1415230805 Permalink

      Es toda una galaxia, ariane.

      Hoy solamente puedo poner un contrapunto pesimista, amigo Vargas. Así que no diré como me imagino yo al gandul poeta: colgado, apedreado, despeinado, atizado, ensuciado, deslustrado y finalmente dormido para siempre. Aunque jamás enmudecido.

  • VIVA el 1328536925 Permalink |  

    Qué bello es vivir al margen 

    Qué bello es vivir… al margen!

     
    • The Translator el 1328537088 Permalink

      ¿Al margen de todo? Esto no es vida o es vida de toro.

    • viva el 1328537177 Permalink

      colgados del abismo

    • The Translator el 1328537483 Permalink

      He llegado a una conclusión: nos gusta vivir en la mierda; y así entonamos todos juntos «somos partidarios de la izquierda.»

    • Cat el 1328538752 Permalink

      El abismo es seductor.

    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el 1328541376 Permalink

      Sobre todo al margen de las hojas de los libros, pues es en las notas donde se esconde la esencia de lo que miles de páginas dicen.

    • mercedesmolinero el 1328546029 Permalink

      Me solidarizo con Viva, yo he vivido, casi siempre, al margen de los establecido y nunca me he arrepentido.

  • Deebooraah el 1288353682 Permalink |  

    Hay siglas que pierden letras hoy, una C… 

    Hay siglas que pierden letras hoy, una C se le ha caído a comisiones obreras.

     
    • piti el 1288354334 Permalink

      y el mundo obrero quedará aún más descolgado?

  • VIVA el 1277079300 Permalink |
    Etiquetas:   

    Espejismo 

    La arena del desierto se pegaba a sus ojos como si el sol quisiera hacer con él un escalope frito. Llevaba recorridos varios kilómetros y el olor a chamusquina de sus pies subía hasta su nariz, excitando sus jugos gástricos. Sus pies descalzos eran como un bistec con patatas. Miró por enésima vez aquel fogón colgado del cielo azul y luego al horizonte infinito, deseando que aquello terminase de una vez, fuera como fuera. Desfallecía por momentos pero aún se mantenía en pie. Espejismos despiadados remojaban sus ojos mientras el aire secaba su garganta. Aquello no parecía tener fin.

     
  • VIVA el 1196625323 Permalink |  

    stupa 

    Tráfico denso, un carril mal señalizado, el coche se sale de la carretera, un buen conductor que muere en circunstancias extrañas. Lleva colgado el Mandala con la arquitectura del cielo. Caso cerrado.

     
  • VIVA el 1192139947 Permalink |  

    Patria 

    Se les llena la boca de “España” a los que más chupan del bote de la patria.

     
    • xarleen el 1192143805 Permalink

      España… puaj!

    • Vargas el 1192149245 Permalink

      Ay, primo! con el miedo que daban aquellas banderas rojo y gualda en los balcones de los ricos del pueblo. Cuánto los arropaban a ellos y cuánto ínvierno nos traían a nosotros. Un abrazo triste.

    • Ahasvero el 1192189828 Permalink

      Sí, ellos vestían incluso sus balcones y nosotros sus despojos y harapos. Ojalá y acaben colgados de su flamante bandera.

  • VIVA el 1179236669 Permalink |  

    Tumbacuartillos y Calamocanos 3 

    [Nota: léase con acento argentino]
    A pesar de las apariencias los Calamocanos eran unos trabajadores incansables y en otras épocas incluso unos guerreros consumados. Según decía el más anciano de todos, el abuelo Cabeto Piernas Largas, cuando se acabó el negocio de las salazones tuvieron que dedicarse a la piratería y fue entonces cuando comenzaron los problemas.
    Al parecer los Calamocanos, más conocidos en la zona como los Narices Rojas, habían mantenido auténticas guerras con sus vecinos los Tumbacuartillos -también conocidos con el apodo de Cubas de Cóctel- por el dominio de los barcos toneleros que transportaban los preciados líquidos de la felicidad. Según cuenta Cabeto, estas guerras fueron muy frecuentes, especialmente cuando escaseaba el número de estos barcos que, alertados por los escarceos de los bucaneros, daban un gran rodeo para no tener que acercarse al Cabo de Baco, como era conocida la franja de tierra donde estas dos razas de energúmenos, Tumbacuartillos y Calamocanos, habitaban.
    Piernas Largas, que había conseguido escapar más de una vez de la furia de sus contrincantes, contaba orgulloso como se acabó solucionando el problema de estas sangrientas correrías. A partir de la tregua del coñac se tomó la decisión de atacar a los barcos de forma conjunta y llegar a una solución en el reparto del botín. Calamocanos y Tumbacuartillos se repartirían la mercancía por un método más racional y civilizado. Cada uno debía colgarse de los pies en un mástil del barco de forma que, agarrando la cuerda con sus propias manos, puediese ir soltando a medida que el líquido de un tonel colocado debajo amenguase con los sorbos, y de esta forma, trasegar hasta ahogar al diablo. Al final , el que no cediera al tonel de líquido, ese sería el ganador de la pacífica contienda, teniendo derecho a quedarse con el resto de los licores de la bodega.
    Puede fácilmente imaginarse que, con tal método, más de uno ahogó sus cuitas para siempre con las buchadas en el aguardiente de caña, la sidra, el tequila, el whisky, el vodka, el anís, la chicha, la ginebra, el coñac, la mistela, la cerveza, el pacharán, el chacolí, el bourbon, el resoli, el ron, el colonche, el mezcal, el kirsch, el vino de nipa, el de coco, el de uva, el de arroz, el de quina, el sake, la grappa, la absenta, el poche, el vermut, el ojén, el ajenjo, el champán, el pisco, el pulque y otras bebidas dulces, secas o semisecas.
    Debidos a esta civilizada costumbre, y que sin duda introdujo cierta paz en la costa, en esta época eran muy frecuentes los entierros que se clasificaban según el mérito y bebida del finado. Tras la revuelta de los amotinados de la cuba esta costumbre también desapareció, sin embargo, aún hoy se conservan los concursos de colgados, si bien, el botín es más exiguo reduciéndose a no pagar lo consumido…

     
    • Anonimo el 1148046952 Permalink

      los argentinods tienen mucha labia

    • Borracho el 1148047031 Permalink

      vaya forma de beber

  • VIVA el 1171411293 Permalink |
    Etiquetas:   

    Broken “Hard” 

    Felicidades a todos por Santa Perpetua de Mogoda… y al corteinglés, la fnac y las farmacias de guardia por San Maletín.

     
    • Ahasvero el 1171412392 Permalink

      Esta vez aquí…

    • Ahasvero el 1171412545 Permalink

      Ahora guiña la luz del cable pero está bien, y no es un pc es un mac

    • susana el 1171412708 Permalink

      jajaja bonita definición de san valentin jaja

    • susana el 1171412742 Permalink

      joe yo es como si me dices, q un tomate es de pera o redondo…cielo, pa mi los dos son tomates jajaja

    • Ahasvero el 1171412759 Permalink

      anda que no!

    • susana el 1171412794 Permalink

      oye q estamos jugando al risk jajaja conquistando post poco a poco jajaja

    • Ahasvero el 1171412938 Permalink

      si tuvieras un mac no dirías lo mismo, ¿tú te conformarías con Chiquito de la Calzada si tuvieras a George Clooney?

    • Ahasvero el 1171412993 Permalink

      bueno, chiquito aún es gracioso, pero pongamos al Fari

    • susana el 1171413066 Permalink

      ¿quieres la verdad? si hay algo que me encanta de un tio es q me haga reir…tenga el careto que tenga…y no me gusta george clooney jajaj
      pero si tu dices q es sigue siendo un ordenador jajaa no?

    • Ahasvero el 1171413070 Permalink

      vale, ¿hace una partida?

    • susana el 1171413098 Permalink

      jajjaja joe mas leio el pensamiento, con lo de gracioso, bixo , eso no vale
      el fary no xd…

    • susana el 1171413133 Permalink

      yo soy las rojas…em

    • Ahasvero el 1171413151 Permalink

      em?

    • susana el 1171413224 Permalink

      jajaja las fichas …partida…ains empanaito de mis entretelas jajajja

    • Ahasvero el 1171413257 Permalink

      ya, pero cómo se come eso aquí?

    • susana el 1171413370 Permalink

      jajaja jodio era coña jajaj por lo de “vale, ¿hace una partida?”…a que te canto las mañanitas para que te despiertes

    • Ahasvero el 1171413491 Permalink

      al escondite! a ver si me encuentras! me voy a la blogosfera!

    • susana el 1171413578 Permalink

      jolin niño…que es mu grande jajaaj como te sigo el rastro…xd q soy un simple cerdito jajajaa

    • Ahasvero el 1171413673 Permalink

      miguitas….

    • Sebastiana el 1171435316 Permalink

      Interrumpiré como vecina chismosa, cuestion de ventanas encadenadadas -no es mi culpa- pero es que extraño las paletas rojas de gran corazón.

    • Ahasvero el 1171442629 Permalink

      eimmmm?

    • Jete el 1171444187 Permalink

      San Maletín… jeje la verdad es que es más consumista que otra cosa, tienes razón :)

      Me gusta tu blog, me estoy empezando a aficionar a él! :D

    • Ahasvero el 1171445328 Permalink

      oye, que eso no te impida estar enamorad@!

    • popi el 1171457512 Permalink

      Yo estoy al lado de Santa… jejeje. Y de lo otro también, pero a mí, como tantas otras cosas… dejémoslo ahí San Rapidín.

    • Ahasvero el 1171561365 Permalink

      anda, colgado, besos con lengua

  • VIVA el 1170859830 Permalink |
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    ALFONSO TIPODURO 

    La acera estaba vacía. Seguí caminando hasta la siguiente manzana. Los primeros copos de nieve empezaban a caer. El viento los arremolinaba aleatoriamente. Las ramas de los árboles me saludaban caprichosas también. ¿Me encontraba en una bola de cristal? Tenía la sensación de encontrarme dentro de una de esas infantiles bolas de navidad con renos y Papá Noel. Rodeado de copos de nieve. Mi estúpida sonrisa salió de nuevo imaginándome como un papá noel repartiendo regalos. Incluso pensé en subir por la chimenea y dejarme deslizar para dejar mi regalo en los calcetines colgados. Lástima que no hubiera aprendido a volar.
    Todo aquel asunto había sido realmente sucio. Y sólo el cielo era limpio ahora. Respiré. Había cumplido su palabra. Estaba allí.

    ¿Ni siquiera me había movido de mi habitación? ¿Todo había ocurrido en mi cabeza? ¿Sería la falta de acción? ¿La necesidad de inventarme una vida distinta a la que realmente estaba llevando? ¿La necesidad de fabulación y confabulación con el mundo que no me pertenecía? No se. Pero ahora me alegro de que todo sea un sueño. Una pesadilla que se acaba.

    Lo que no acabo de comprender es qué hace este millón aquí… Y… ¿Qué importa? Suena I Am A Foul For You. La copa de güisqui está fría y Aretha canta como los ángeles. ¿Qué más puedo pedir? Una cosa sí, una única cosa: Por favor, no hables más de mí.

     
  • VIVA el 1169250498 Permalink |
    Etiquetas: , , ,   

    ALFONSO TIPODURO 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
    • Umar el 1138288766 Permalink

      Yo también espero oculto en la oscuridad a que esto alcance su desenlace de alguna manera.

    • Ahasvero el 1145574038 Permalink

      Ya somos dos los que ocultos en la oscuridad esperamos los desenlaces

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