Los cipreses son lechugas proletarias que se alzaron contra sus opresores.

Muere cantando,
tras los verdes cipreses,
el clavel de su boca.

Poesía y fotos
andando por casa.
Tras los verdes cipreses,
escondidas en la hierba,
flores níveas de jara.

ÁRBOL CON OJOS

Árbol con ojos:
bajo sus labios rugosos,
el árbol de ojos saltones,
entre pinos y cipreses,
extiende su mantel verde.
Hermosa flor,
ruiseñores que cantan,
veo un sauce emboscado.

La mañana descalza,
tras los verdes cipreses,
se viste de mujer.

11. Llegaba…

Llegaba temprano para sus costumbres. La entrada al edificio administrativo donde trabaja estaba enmarcada por tres enhiestas banderas y tres cipreses inclinados. El edificio era un cubo azul y blanco con enormes cristaleras. Entre los compañeros de trabajo tenía fama de ser una persona divertida pero meticulosa, e incluso, a veces, demasiado quisquillosa. Saludó al guardia de seguridad y se acercó al ascensor… El San Pedro que guardaba la entrada al cielo de metacrilato interpuso su porra entre él y el ascensor. “Alto, usted no tiene autorizada la entrada, debe expiar sus pecados primero” -le dijo. Horrorizado, despertó.

Los muertos buscan sus raíces

Los muertos buscan sus raíces y las raíces a sus muertos. El cementerio es un sitio increíblemente curioso. En mi pueblo, cada generación es enterrada sobre la anterior, siempre en la misma sepultura. Sobre las raíces, habrá otras y otras, ya conectadas entre sí, encontrándose de nuevo como en la vida, los padres duermen sobre los abuelos y estos sobre los bisabuelos y así hasta no se sabe. A los árboles les pasa lo mismo, buscan en la tierra profundizar sus raíces. Es curioso como al cavar una tumba encuentras ambas cosas entremezcladas, las raíces y los huesos. El árbol que crece aquí es mi padre-madre-abuelo-bisabuelo… sus raíces han escarbado para sacarles a la luz, una generación saca a la otra, le devuelve a la vida en forma de árbol, de hojas, de cipreses eternos. Y nosotros respiramos ese aire, su aire. Somos la misma savia.

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