LA MUERTE DE CERCA

muerte de mi abuelo Vicente, a besar el cadáver, la gran cama con un cabecero negro y dorado, una siesta demasiado larga, un sueño de cansancio infinito, ya no vamos a jugar más con él, ni yo ni mi prima MP

Y tu cadáver siguió resucitando…
(en el día del 78 aniversario de la muerte de César Vallejo)

TODO EN DANZA

La vida, la muerte, la historia,
la piel, la hora, la luz y la sombra,
la sabiduría, la ciudad y sus calles,
-todo en danza-
que vengan, que enamoren a todos,
al corazón, al mundo, al espíritu,
al cielo, al infierno y al aire…
que vengan como un sueño,
un momento, un suplicio…
que vengan donde se despiertan los niños,
los consejos, los mendigos, los sueños,
los cadáveres.

Cuando al gran gerifalte vendedor de armas se…

Cuando al gran gerifalte vendedor de armas se le acabaron todos los vivos, la playa depositó el cadáver de un niño muerto en su sopa. Nunca jamás volvió a comer. Entonces, después de haber extinguido a la humanidad, se extinguió también la inhumanidad.

INT. HABITACIÓN. NOCHE

La madre y el padre estaban velando un cadáver. O eso parecía. Sus ojos cerrados no revelaban lágrimas. Quizás sólo cansancio. Un cansancio de siglos. Un cansancio que se acumulaba en las ojeras de los viejos como se acumulaba el polvo en los rincones de la estancia. El hijo parecía dormir plácidamente. Pero estaba muerto. Había muerto después que ellos pero eran ellos los únicos que le velaban. Yacía sobre un tatami de paja con borde negro de luto. El olor del tatami era intenso como de mieses recién segadas. Aún soleadas y calientes. El resto era frío, muy frío. Nadie respiraba en la habitación. No en vano todos estaban muertos, hasta los muebles eran jirones de un ataúd. Una inquietante atmósfera rodeaba al muerto. Una niebla heladora.
Cualquier color que tu quieras, dijo la madre. Nadie contestó. Una marcha nupcial comenzó a oírse y unos perros ladraron como alertados por las trompetas. O quizás eran lobos, lobos de montaña. Lejanos.

En el lateral se generó este poema kyinooka:

ante la nueva tumba
cuarenta y siete
se acaba ya el día
cadáver exquisito
entre amapolas rojas

Me senté frente a un espejo, a esperar ver pasar el cadáver de mi enemigo.

Bar Cenas

—¿En la hoguera del cuerpo
qué llevas puesto?
—Sólo cadáver.

Flor carnívora de tajo preciso precioso de anhelantes…

Flor carnívora de tajo preciso

precioso

de anhelantes espasmos y abrazo impiadoso

inmensamente abierta

aromada de mirra y chocolate

devoradora mantis al acecho

de insaciable apetito nocturno

manantial de mieles tibias

(alimento necesario)

heredera de Lilit y sus infiernos

puta y madre en la misma matriz

mitológicamente dentada

por el imaginario del terror

desafiando la brutal embestida

con sólidas murallas verticales

y orgulloso espolón de barco pirata

en cada pliego de tu caverna voraz

escondidos están

los cadáveres de tu seducción.

El vivo día trae el cadáver de la noche.

Qué grandes son:
Luna de cristal
y cielo mestizo.
sólo un cadáver
dormido en ella
y los abrazos llenos
de mis huesos tatuados
con tinta roja.

rueda y serpiente

Sublime canto
cadáver del pasado
lugar de lo prohibido
pero algún día
con vueltas de esperanza
deshoja margaritas.

Salvaje

En la techumbre de la terraza, junto a los cadáveres de mosquitos atrapados por la telaraña, se ha posado una mariposa monarca. Ella también parece muerta, y quizás lo esté. Aunque lo más probable, dada la altura del verano a la que estamos, es que haya encontrado por fin el sitio donde poner sus huevos, al abrigo de la intemperie del otoño y cerca del almacén de cadáveres de mosquitos que la voraz araña se ha preparado para el invierno. Tentada estoy de frustrar los planes de ambas, dado mi natural instinto asesino. Pero recapacito, yo aguardaré, como la araña, a devorar los frescos y jugosos huevos depositados en su abdomen, mientras froto mis élitros con fruicción de mantis que acaba de darse como festín a su amante.

semang

Titulares de hoy a toda página: Encontrado el cadáver de un pigmeo cortado en tres trozos.

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