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  • VIVA el 1508447268 Permalink |  

    La luz viene del cielo, la sombra de todas partes.

     
  • VIVA el 1500063926 Permalink |  

    Mi negocio es buscarte.

     
  • VIVA el 1495875649 Permalink |  

    MORFEO 

    Hoy he visitado dos casas inhabitables y sus almas vacías. LAS CASAS Y LAS ALMAS.

    La primera es una casa con planta en forma de L que tiene una salida a calles diferentes en cada uno de sus extremos. La casa tiene innumerables habitaciones y pasillos que forman un laberinto difícil de recordar. Hay estancias secas y oscuras pero también las hay húmedas y luminosas, con patios interiores soleados o lluviosos. Sus dos fachadas son viejas y resquebrajadizas. Una de ellas da al campo y se sale por un rústico y viejo portón de madera. La otra fachada da a una calle de ciudad de provincias y su puerta es de madera o hierro, según los días, aunque es de una apariencia mediocre. Es incómodo vivir en ella porque está casi vacía de muebles, desconchada y polvorienta. Tan solo una pequeña parte se usa. El resto es visitada ocasionalmente por dos de los tres moradores: padre, madre e hija. Únicamente la niña recorre con frecuencia los lugares más alejados e inhóspitos y conoce todos sus rincones y laberintos. El padre solo se atreve a recorrerla con su hija por miedo a perderse, aunque se siente atraído por sus enormes posibilidades y le agradan especialmente esos abandonados jardines y patios con galerías acristaladas a los que llega la luz y las nubes. La madre no sale nunca de los dos o tres cuartos principales que dan a la ciudad.

    La segunda casa es redonda y alta, con forma de cúpula y una indescriptible arquitectura de estancias interiores. La cúpula está recubierta por una única y continua estantería de libros imposibles de alcanzar ni leer. Nada tiene una función concreta en este alojamiento: se puede dormir, cocinar o bailar, de forma indiferente, en cualquiera de sus múltiple rincones. Aunque hay muros, vigas y escaleras… la separación entre espacios nunca es total ni resulta evidente. A veces se tiene la sensación de que los elementos arquitectónicos cambian a capricho y con desasosiego para algunos de sus habitantes y visitantes. Otros, en cambio, parecen acostumbrados a los cambiantes designios de la mansión. No se sabe si los vanos exteriores son puertas o ventanas. Por cualquiera de ellos se puede entrar y salir. Incontables personas, cada cual más extraña, entran y salen continuamente. Hay gente que vive allí siempre, en su recodo imposible y otros que entran tan solo a curiosear y marcharse. Se cuentan por centenas los cachivaches inútiles que la adornan y a los que los habitantes intentamos encontrar una utilidad para satisfacer una perentoria necesidad del momento: freír un huevo frito con un disco; oler las noticias en un tintero; escuchar música con unas gafas sin cristales; fabricarnos un reloj digital con una caja de cuchillas de afeitar o un smartphone con lo que parecen las pastillas de freno de un coche.

     
    • Álamos de viento el 1495918558 Permalink

      ¡Me ha fascinado la descripción de estas dos casas! Espero que publiques más de “Las casas y las almas”! (Un título estupendo, por cierto.) Abrazote y feliz fin de semana <3

    • VIVA el 1496000028 Permalink

      Ojalá!

    • bsosa1964 el 1496231040 Permalink

      Una buena narración.

    • VIVA el 1496246276 Permalink

      Gracias

  • VIVA el 1495018440 Permalink |  

    EL INTELECTUAL REPARTE PAN CON UN BURRO 

    Me pareció que algo grave estaba pasando, mi abuelo, el intelectual, el culto, el ser extraordinario, ahora repartía pan por las calles con un burro con aguaderas. Algo no cuadraba. Mi madre me contó que ahora el abuelo tenía otro trabajo. Ya no trabajaba para él en la tienda. Trabajaba para el panadero del pueblo, repartiendo pan. Algo no me gustó de aquello pero mi abuelo me dejó subir al burro y dar una vuelta. Él parecía triste y contento a la vez. Ahora recuerdo perfectamente su cara con esa gafas redondas que aún conservo, y su aspecto enjuto, y su cuello arrugado de arriba a abajo, con una camisa blanca, pantalones de pana negra y un chaleco de rayas , vestido al estilo más rural de los campesinos y no con su traje y su corbata como siempre había vestido. O con su estilo de trabajo aunque más aseado y señorial de tendero de pueblo, con su librea de despacho de ultramarinos.

     
  • VIVA el 1495018168 Permalink |  

    MOCOSOS DE PÁRVULOS 

    el primer día no lloré, tampoco el segundo, pero el tercero fue terriblemente triste, definitivamente se había acabado la libertad. Entrar en párvulos era cumplir una condena de cárcel, uniformados con rayas, sentados en pupitres alineados, sin poder hablar, sin poder reír, sin poder moverte y salir a la calle, al campo, a jugar. Aquello era una tortura. Te engañaban con cosas nuevas y bonitas, como una colorida cartera nueva y un plumier maravilloso, lleno de lápices de colores y un sacapuntas,

     
  • VIVA el 1494498855 Permalink |  

    MI EPOPEYA RÚSTICA 

    Nací a las 12 de la noche de un 29 de marzo de 1964, en el oratorio de la Casa grande o Casa de los Manrique. Un oratorio o capilla de la casa solariega de Rodrigo Manrique, en la que su hijo, Jorge, vivió su feliz luna de miel, y que en mi época había sido mancillado, convirtiéndolo en el dormitorio principal de una parte de la casa, que ahora era una corrala de vecinos, de la que mi abuela materna era propietaria de una cuarta parte de la misma.
    Nací pues en un pueblo de La Mancha que había recibido sucesivamente el nombre de Belmontejo de la Sierra, Belmonte y finalmente Villa de Los Manrique o Villamanrique. Un pueblo que, en pleno siglo XX, aún permanecía en la Edad Media. En una época más degradada y mísera aún que aquella debido a los estragos de la postguerra española. En la más oscura y profunda España, católica, apostólica y romana, en un lugar de La Mancha, entre la Sierra de Alcaraz y Sierra Morena, de la que me acuerdo con más nubes que claros. Una tierra en donde los maquis y los bandoleros seguían siendo un tema de conversación habitual. En donde las historias de la guerra civil aún estaban vivas y no habían cicatrizado. En donde la pobreza y la roña eran aceptadas como lo más natural del mundo. Un mundo donde no era difícil encontrarse con quinquis, latoneros, familias de cíngaros ambulantes y gitanos sedentarios. Una tierra de paso, el natural entre Andalucía y la Mancha, llena de caminos polvorientos, de repoblación y despoblación, en la que también había “jaros” procedentes de Europa que Franco había traído para “repoblar” y hasta viejos bandoleros de Sierra Morena. En fin, una honrada y leal villa de la España franquista, a la que no llegó la guerra pero sí sus rencillas, enfrentamientos y consecuencias. Un lugar de paso, en el que nunca nadie ha querido permanecer durante mucho tiempo, un territorio sin raíces y sin historia. Un paso fronterizo durante siglos entre moros y cristianos. Una tierra periférica dejada de la mano de cualquiera que por allí pasase, incluidos Don Quijote y Santa Teresa. Una comarca de soles, vientos y piedras oxidados y olvidados, sin más novedades que las pasajeras y aventureras nubes.
    De mi familia paterna sé, según contaba mi padre, que procedía de Andalucía. El primer Alfaro que, según él, había llegado al pueblo era el llamado Abuelo Carbonero, un hombre, al parecer, listo y emprendedor que debió hacerse con una buena cantidad de tierras serranas, vírgenes y sin roturar, que mi familia paterna fue convirtiendo en olivares a lo largo de varias generaciones. Yo mismo me enorgullezco de haber participado junto con mi padre en esa epopeya familiar, en esa conversión de una sierra pedregosa, pobre y arisca en productivos y ordenados olivares, plantando, mano a mano con mi padre, 300 olivos, quizás los últimos 300 que se han plantado ya en la familia. Yo por lo menos no pienso plantar más. A los catorce años se acabó mi rural y bucólica epopeya. Yo también estaba allí de paso. De paso hacia ningún sitio.

     
  • VIVA el 1494026451 Permalink |  

    ARRASTRANDO EL CULO POR LA PIEDRA 

    Pues parece que se ha acabado esta forma de desplazamiento consistente y cómoda. Arrastrar el culo por el suelo ya no mola. Según cuentan las leyendas familiares, mi desplazamiento favorito era el arrastraculo, un tipo de movimiento consistente en dejarse el pañal pegado en el suelo junto con su contenido. Resulta que dependiendo de la superficie de fricción, puede ser algo guay o una puta -y literal- mierda. El cambio de casa trajo consigo una alta fricción: un suelo empedrado. De los de antes. Nada de gilipolleces modernas tipo microcemento con tacto de mármol rosado. Putas y jodidas piedras. Y pues, chico, pies para que os quiero. Milagro. El Niño anda.

     
    • peroratasymonsergas el 1494090475 Permalink

      :)

    • Alois Gutierrez el 1494589126 Permalink

      Definitivamente soy un fanático de los “enfants terribles”, ojo, pero no de todos. Siempre he pensado que los malos con éxito son malos inteligentes, porque ser malo y bruto es augurio de serios problemas para cualquiera que mezcle esos dos atributos, en tu caso creo que el éxito está asegurado, me gusta como manejas ese cinismo delicioso, irreverente, y que no guarda falsos respetos, de manera inteligente, acabas de ganarte un nuevo lector. Gracias por escribir, y sigue portándote mal por el bien de todos.

    • Ahasvero el 1494589754 Permalink

      Temo estos largos y halagadores comentarios. En cualquier caso, gracias. Y cuidado con las promesas a desconocidos. ;)

    • Alma el 1494863666 Permalink

      Entonces no hay límites para crecer personalmente, para descubrir nuestro interior profundo, nuestro yo universal que es exactamente la misma fuente
      de ese sentimiento.

  • VIVA el 1493575183 Permalink |  

    A Vicen 

    La vida tiene unas reglas que no son las tuyas, hay que aceptarlas si quieres jugar la partida. Perdemos y echamos la culpa a las reglas, queremos cambiarlas porque vamos perdiendo, pero eso es imposible: las reglas no las decides tú. Las reglas están preestablecidas y todos los que van ganando las aceptan y no están dispuestos a cambiarlas, harán lo que sea para mantenerlas. Y además son muchos los que juegan sin darse cuenta que juegan las reglas que otros establecieron antes, normalmente ya muertos, y que las darán por sentadas, sin plantearse más allá, ni siquiera piensan que pueden ser cambiadas. Podemos, sí, contribuir a cambiarlas pero en una medida muy pequeña. Todos queremos cambiar algo y no es fácil ponerse de acuerdo. Lo que es seguro es que no serán tus reglas exclusivas las que se impondrán. De nuevo los que van ganando se imponen más que los que van perdiendo, es parte del premio y la satisfacción del triunfador, es parte de su ganancia. A veces crees que la gente hace trampas, y hay gente que realmente hace trampas, es parte de la mala fe de la gente, perder es duro y nadie se resiste a perder. Así que nos encontramos atrapados en un juego que no nos gusta porque vamos perdiendo. Un juego en el que no es fácil cambiar las reglas, todo un entramado social conspira para mantenerlas y reproducirlas. Un juego muy serio, el de la vida, el de nuestra vida, jugado por todos los actores que conocemos: los hijos, los padres, los hermanos, la pareja, los “ex”, los amigos, los compañeros, los jefes, los agoreros, los gurus de la tribu, el consejero psicológico, el médico, el cura del barrio, los políticos, el gobierno, la prensa, la policía… y toda esa gente que se cruza alguna vez con nosotros diciéndonos lo que tenemos que hacer en la vida, con nuestra vida. Al final todos ellos contribuyen a crear en nosotros unas expectativas de lo que “debe ser” nuestra vida, cómo se vive, cómo se triunfa, cómo se gana la partida, cómo se trabaja, cómo se ha de cuidar de los hijos, cómo debemos o no debemos comportarnos, y hasta cómo hay que limpiar el polvo y las veces que hay que hacerlo, etc. etc. etc. Establecen los patrones por los que nos debemos no sólo guiar, sino también por los que nos tenemos que medir, valorar, examinar, los valores que hacen de nosotros unos ganadores o unos perdedores, unas buenas o malas personas, gente bien o gente mal, gente guay o gente chunga. Buen panorama… desolador ¿no?
    Pero ahora llega el momento de plantearse algunas cosas. ¿Qué me pasa? Yo he cumplido con todas las reglas, no he hecho trampas, he jugado limpiamente, ¿Por qué no me corresponde premio? ¿Por qué no me valoro como dicen las reglas? ¿Por qué me considero fracasada? ¿Qué pasa aquí? Esto es injusto, ¿no? Pues sí, de eso se trataba de jugar. Y has perdido (¿Has perdido?). O lo aceptas o no lo aceptas. O juegas o no juegas. ¿Quieres seguir jugando? Hagan juego señores. Otra partida. O no.
    ¿Es posible jugar a un juego en el que no perdamos? ¿Qué juego es ese? ¿Cómo se juega? ¿Con quién se juega? ¿Se juega solo? Yo también quiero saberlo. El que primero lo descubra que nos lo cuente.

     
  • VIVA el 1492715455 Permalink |  

    INUNDACIÓN 

    A veces lloro y me arde el estómago,
    quiero contarte una historia de dulces cosas
    pero mis ventanas oscuras no me dejan ver
    y me arde el vientre de nueve a cinco.
    A veces grito en el mar y nadie puede oírlo.
    Quiero decir lo que quiero decir, desde este cuerpo,
    atrapado entre huesos y dolores,
    pero mis cuerdas están gastadas y secas.
    Di lo que quieras, está lloviendo otra vez.
    El bote hace aguas y hay huracán de nuevo.
    ¿De qué sirve gritar en la distancia del océano?
    ¿Y quién quiere vivir para siempre,
    en este mar terrible, sin salvación, sin fe?

     
    • milae11 el 1492900805 Permalink

      me ha gustado mucho, profundo y sincero. A veces la vida se vuelve el purgatorio.

    • Ahasvero el 1492934703 Permalink

      Purgatorios, infiernos, paraísos… todos están aquí, en la vida. Gracias por tu comentario.

    • mjesus49 el 1492955704 Permalink

      Un poema para preguntarse ¿Cuándo lo escribiste estabas pensando en mi?

    • Ahasvero el 1492958732 Permalink

      Si tú lo crees, así es.

  • VIVA el 1492250255 Permalink |  

    KUNG FU CONTRA BRUCE LEE 

    Panda blanco contra panda negro. Kung Fu contra Bruce Lee. La Patada contra El Golpe de las artes marciales. ¿Cuál será el vencedor de esta competición exclusiva organizada por el más famoso de los Chefs? ¿Quién de ellos preparará el plato maestro, la gastronomía más exquisita? ¿cuál será más sano para el cuerpo y saludable para el espíritu? Veamos:
    Kung Fu ha preparado una delicia de zumbidos y patatas voladoras, con ellas ha conseguido alimentar a una abeja que pasaba volando en ese momento. El murmullo del público ha impedido oír el delicado aroma de ese sonido, casi imperceptible para el oído.
    Bruce Lee, por su parte, ha preparado un plato pequeño, como corresponde a su peso. Lo ha escondido en un compartimento del coche, muy bien guardado en la guantera. Lo ha llamado, con poca fortuna y falta de originalidad, “Ahí Bag, la hostia.”
    El Chef ha concluido: “Quien da primero, da dos veces”. El público, en desacuerdo con el chef, ha querido opinar pero estaba demasiado ocupado en huir de las abejas asesinas.

     
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