Entre amapolas rojas

El cielo pinta tu vida
de azul cobalto,
flanqueando las sendas
instante eterno
entre amapolas rojas
y el sol de mayo.
Entre amapolas rojas,
flanqueando las sendas,
rosa del viento.

Luz cuajada de estrellas
y de amapolas rojas
como tus venas.

Los dientes de león
como colmillos del viento
a dentelladas sangran
las amapolas.

NEFASTISSIMUS

Alfombra verde de Primavera
sangra amapolas y nazarenos.

Al azul cómo ascienden
las negras golondrinas
de elongadas corbatas
en tinto y blanco.

Se suicidan mariposas y abejas
en muelles de estambres dorados.

Al azul cómo ascienden
las negras golondrinas
de elongadas corbatas
en vino y albo.

JUAN

La noche huida
En el fuego de sueños
Llora amapolas

En el lateral se generó este poema kyinooka:

ante la nueva tumba
cuarenta y siete
se acaba ya el día
cadáver exquisito
entre amapolas rojas

VIVA

Entre amapolas rojas,
abierta la ventana,
veneno en tus labios.

El viento perfumado
con ciento y un versos.

¡Agoniza!

Con el rostro desnudo de alegría
y la paz arrancada a borbotones;
con el cuero del alma hecho jirones,
la conciencia acomete un nuevo día.

Acogido al derecho de ordalía,
no se exime el afán de sus funciones
blandiendo, al sucumbir, preciados dones
aunque el mal lo alancee a sangre fría.

¿Dónde está la virtud de aquella España
encendida en el oro de su tierra
balcón de girasoles y amapolas?

Hincando en ti su filo la guadaña
segó la libertad, tronó la guerra
regando con tu muerte sus corolas.

©Rosa María Lorenzo (24/1/2013)

EVOCACIÓN

en este mundo tan ancho tan ajeno
en este Ser tan inescrutable y ausente
cuando en las noches las horas se linchan
y huelo la muerte tanteando mi cuerpo

evocarte me salva

entonces el pájaro que anida en tu boca
me sobrevuela con ojo predador
cae como kamikaze ebrio de sake
y se convierte en catapulta de fuegos

me salva ese dolor tan suave con el que nos tocamos
sentir los cuerpos desnudos dispuestos a arder
tu sexo que diluvia amapolas embriagantes
y mi noble madera cavando hondo entre tus muslos
hurgando en tu pequeño cráter del infierno
hasta que sobreviene un estruendo de laureles
que nos estremece como huracán hambriento
y todo el otoño se convierte en tibio pan

en este mundo tan inescrutable y ausente
en este Ser tan ancho y tan ajeno
cuando la muerte clava los colmillos de su furia
y una lluvia roja está por asfixiarme la garganta
evocarte

me salva

OOOOOOOOOOOOOOO000000000000000000ooooooo…

OOOOOOOOOOOOOOO000000000000000000oooooooohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

  (`-.    
 (OO  )_  
,------.) 
`------'  

No ha de quedar sino
-entre amapolas rojas-
el perfume de la higuera.

¿sufre lo mismo
la campana sonora
que un grillo delirante?

Septenario

–El sendero
en campo de oro
no sólo muere
sino que reverdece.
Así dijo Zarathustra,
entre trigales
heridos de amapolas.

pies por el fango que nos conectan ante…

pies por el fango
que nos conectan
ante la vieja escuela
sin darse cuenta
reman suspiros
reverdece el olivo
sombras nada más
humareda escarchada
un billón de haikus
se sumerge en el magma
manos vacías
entre amapolas rojas

No hay suficiente sur en este sitio el…

No hay suficiente sur en este sitio:
el verde y perfume de la higuera,
la sangre de amapola sobre el campo,
el dorado de mies de nuestros soles,
la vibrante cigarra y los vencejos.

Trompetería Bebop o Delirium Tremens

Trompetería Bebop en que de tres en tres divertilugios según travisten como tristes titiriteros a los altos tridentes de tres cuernos amazonan los seis rigales mientras cerolusía en trecientos treinta y tres trigéminos tres corruptos semitánicos colorizan los cien blues bebop de cera inseminados como ozonos se hayan los quinientos quinqués de queroseno colorado quintifolios extravertidos y retrasterados de doble trompetería bebop jazzterados y como alapados y parapetados en el último transfondeadero de la derogación ínfima centupléxima armoniosamente holoturoideos sin almaje crinocuanterizan en un solo ambigüoideado que coclea y coclea protopáticamente en orden a la mejor reciprocidación de ellos a productos se constata pausadamente una más alta esfera de los calamitosos rendimientos en una más apresurada expansión del género bobo por todos los continentes gracias a la cual los panderos dorados de la fraternidad según colonizan en insufribles dientes de misericordia transfusión que glorifican en género metacordial como en la infrustuosa vestal de mármol sempiterno y coloide en estruendosa colación de neptunos jóvenes se estandariza la fragua misión condescendiente de las amapolas verdesí tras la noble irrupción de los sueños corruptos de los muertos dorados al sol como la mies transcendida de julio césar augusto general de las legiones se transforma en capone tras los cristales líquidos de las calculadoras de melocotón y mermelada enternecida a calendarios selénicos se digitalizan las hembras lujuriosas de analógicas huestes en parabólicas esferas senoidales siempre y cuando los gerifaltes venidos de ultramonte se derritan como picatostes de asqueroso queso en la fondue miasmática y cavernosa como huecos óculos de las calaveras transhumantes ya olorosamente frías hete aquí transfigurado en dolce vita cual rituales fijos contubernios y alacranes deíforos mientras los secretarios enfilan uno tras otro a ensartarse fálicamente en másculina amazonía septentrional a lo largo penden hidalgos gérmenes sicoidales tras las psiquiatrizantes salas hospitalarias en denostados tragos de hipnosia líquida aunque viscosamente sacralizadas con episcopales y pantocráticas garrotas neuróticos condotieri luchan afanosos con psicóticos coroneles en ferias como golfas y hetairazas masculinizantes con pélvis acérrimas e incólumes hete aquí converso en mil cientos de pedazos dialógicos e impasibles.

NEFASTISSIMUS

¿Quién le ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas?
¿Una leve variación de temperatura…?
Entre amapolas rojas, siembra la nieve de los filibusteros;
en suave colina, como el jefe de dios, un risueño mediodía con viento y un verso.

Afectos colaterales (2)

El soldado israelí inspeccionaba con escrúpulo funcionarial las ruinas de una casa de Beirut bombardeada por su unidad. No pudo dejar de sentir un misterioso estremecimiento cuando, entre el amasijo de escombros y vísceras removidas, contempló el cadáver de una hermosa joven libanesa. Su sangre teñía las piedras como las amapolas el aire de la primavera. Esa misma noche la poseyó en sus sueños con el desmayo de la desesperanza.

Cobardes

En mi duelo he querido herir a las amapolas pero ya se habían suicidado solas

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