LA NIEVE DE HOY

Cae con el hastío silencioso de la caspa
un aguanieve tacaña, adulterada, esquiva.
Se desvanece esta nieve en el asfalto
antes de rozar siquiera el agostado suelo.
Esta nieve es la pátina negra de las calles,
el fósil mudo del silencio adoquinado,
el confeti ceniciento de la muerte.
No hay incendios sembrados en la nieve,
ni es de Orión esta anoréxica indolencia blanca,
es el maná plomizo y apagado de los cielos.
Rancia, como el tiempo, se va tornando
en simple reliquia del recuerdo.

Esas cobardes gallinas que gritan prudentes ¡centro…

Esas cobardes gallinas que gritan prudentes:
“¡centro!, extremos huelen” y pican en el patio
que a la derecha se impone desde Europa,
falsos demócratas que vinieron del establo,
más bien caverna, de la España del águila y
cuyos polluelos arrastran el culo por las instituciones
de la nueva farsa España.

O los republicanos reconvertidos
en sanguijuelas que se pegan a la corona,
zorra dorada que vigila desde el trono
su dominio ignorante y apestoso,
olor a podrido de transición,
la mano de Franco todavía campante
¿y ellos? socialistas sin socialismo, parasitismo.

Y tantos otros que husmean
con sus hocicos por fuera del espectáculo,
esperando la oportunidad del salto,
unos no pueden en su descarrile al centro,
otros, viejas caras con aspecto nuevo
que repican sus gemidos en la CEOE.

Así el nuevo domingo irás a votar
con oportunidad de algo,
entonces irá a pasar la institución
a otras pocas manos ¿y el dueño del corral?
riendo en su dorado manto.

Vida Que te escapas entre mis dedos Miénteme…

Vida.
Que te escapas entre mis dedos.
Miénteme y dime que no muero.
Cógeme la mano y anda conmigo.
Vive conmigo, envejece conmigo.

Muerte.
Fiel compañera.
Me extingues de dentro a fuera,
como un carbón,
que calienta en tu hoguera.

Siento.
Me lleno de rabia con cada herida.
Me llenas de paz.
Me llenas de ira.
Me llenas de vida.

Si he de vivir muriendo,
si he de extinguirme ardiendo.
Arderé alto y arderé claro.
Gritaré a la vida y gritaré a la muerte
y que sea el eco el que me recuerde.

Para gustos están los colores, para disgustos el daltonismo

Entre amapolas rojas

El cielo pinta tu vida
de azul cobalto,
flanqueando las sendas
instante eterno
entre amapolas rojas
y el sol de mayo.
Entre amapolas rojas,
flanqueando las sendas,
rosa del viento.

Las nubes son los pecios
de un naufragio muy alto.

Hay quien vive el presente y quien vive…

Hay quien vive el presente
y quien vive la eternidad
soñando con el sur,
rindiéndose al acero,
cada momento
en suave colina,
en el estercolero,
eyaculando letras
de azul cobalto.

El nivel de alcoholismo del primero era tan alto que por seguridad de sus vecinos sólo se le permitía fumar en el desierto. El síndrome de profeta del segundo era tan alto, que sólo se le permitía predicar cerca del alcohólico cuando éste fumaba.

La edad no es un estado mental Los…

La edad no es un estado mental. Los problemas en las articulaciones, la disminución de los sentidos y el colesterol alto nos lo hacen saber. Triste pero cierto.

Silencio bajo las palabras sueños desvanecidos entre las…

Silencio bajo las palabras,
sueños desvanecidos entre las lápidas.
La Almudena descansa tranquila,
yacen sobre ella, cortas y largas vidas.

Mientras en las esquinas de mis pensamientos
una verdad herida, el recuerdo de una vida perdida.
Deambulo entre callejones de la Capital dormida.
Fría y dura noche de Madrid, sin Luna, ni guía.

Llora en las alturas tinta,
negra, como este cielo sin estrellas,
negra, como la noche sin su día,
pero aún más negra, como estos versos sin tu compañía.

Tinta etérea que se derrama en el Manzanares,
a lo largo de sus bastas orillas,
y recorre de vuelta el camino a mis mejillas.

Triste en la noche, el viento silba
ante el imponente Palacio de Oriente,
y callejea, sin meta, ni fin
por el Madrid de los Austrias.

Triste se esconde en el Cerro de los Locos,
busca y vuelve a buscar,
desde lo alto de su explanada
a la Luna, en ese infinito y negro mar.

Y llora, porque se ha ido,
porque la ha dejado marchar,
Y tiembla, porque no quiere dejar de verla,
ni perder los versos que la llevaron a ella.

Y entonces corre raudo como lo que es,
Viento en la agitada gran ciudad.
Y se detiene, hincando las rodillas, en la fría arena,
ante la estatua del último Ángel que cayó al mundo.

Y Maldice su Reino.

No tendrás mi Alma, ni hoy, ni mañana,
porque mi Alma, la protege la Luna.
No tendrás mis versos, ni mis palabras, ni mis sueños,
pues yo soy, el último Ángel que a ella protejo.

Madrid sin Luna, Henry J. White.

Buenas noches Viva, y Feliz Año con retraso…. hacia mucho que no volvía por estos lares. Sonrisas desde la nocturna capital.

ÁRBOL CON OJOS

Árbol con ojos:
bajo sus labios rugosos,
el árbol de ojos saltones,
entre pinos y cipreses,
extiende su mantel verde.
Hermosa flor,
ruiseñores que cantan,
veo un sauce emboscado.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑