EL ENTERRADOR

La patata es convenientemente incinerada en el horno, sin epitafio, sin cruz, sin cementerio. Luego es enterrada en caliente, con su mantequilla, su queso y su piel. Para conmemorar la muerte de la patata asada hemos tocado un responso de carcajadas y dos aves maría que nos han generado una risa tonta como si nos estuvieran haciendo cosquillas con una pluma en las costillas. El hilo de las tripas se ha puesto a coser sin aguja ni dedal. Tragar su muerte ha sido duro y la garganta se anudaba un poco pero el cuello ha sido fuerte y las amígdalas no se han dejado amilanar. La nuez ha hecho el resto. Ya no hay dolor, el duelo ha sido corto y feliz el entierro, en su blanca y reluciente tumba también hemos puesto un epitafio: “Se fuerte como una Roca”.

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