ROBERTO CARRASCO

— ¿Sabes cual sería mi paraíso? —dijo él mirando su copa de vino.

— ¿Paraíso? —dijo ella algo sorprendida por aquella pregunta. Ël siempre había sido un filosofo idealista y por eso no la pillaba de sorpresa. Aunque disfrutaba con sus preguntas.

— Al morir digo —respondió él mirándola con el corazón

Ella entendió la complicidad de él y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

— ¿Cual?

— Viajar contigo siempre. Repetir una y otra vez el placer de olvidar por unos días esta asquerosa vida —dijo él tras dar un trago al Ribera del Duero que vivía en su copa—. Cómo si le dieras al repeat en una canción.

— Estaría muy chulo —añadió ella alzando su copa hacia él —. ¿Me lo prometes?

—Te lo juro.

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