XLVIII

Guardo tu ausencia
en interminables minutos,
largos como cuchillos,
que están a punto de acabar conmigo
y ya no aguantaré mucho más.

El día que regreses,
mientras voy perdiendo
las once, las doce,
las veinticuatro horas,
una tras otra, como un niño tonto…
El día que regreses -digo-
Ahasvero estará más muerto que vivo,
asesinado en manos de un reloj.
Tan inocente él, tan silencioso.

5 comentarios sobre “XLVIII

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  1. vaya…siempre he creído que los sueños se realizan, hoy , he llegado a mi casa y he visto que que uno de mis pequeños sueños se ha cumplido, estás aquí…tengo una sonrisa en mi labios que brilla de lejos, y es por ti, besos su

  2. Eva Víbora dice:

    No, es que se re-publica lo de hace un año

  3. Pero con un helado de fresa y un algodón de azucar te sentirás mejor, bueno, al menos serán horas de provecho.

  4. Dime que son las manecillas del tiempo
    las que cortaron a Ahasvero…
    seccionaron el deseo, trozeando el pasado…
    Ahasvero yace muerto,
    él se lo ha buscado.

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