!Pero que sorda eres, oh dicha!

He nacido sin Dios, sin cielo, sin estrellas. Por encima vacío y, aparte de un vientre acariciado, posiblemente otras cien veces antes de morir, no hay nada. Oh, la dicha, ¿A dónde va corrida a palos como un asno? Haz el favor de quedarte, que no habrá huesos que roer, ni venas que chupar, ni carnes que morder allí donde te vayas. !Pero que sorda eres, oh dicha!

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