ALFONSO TIPODURO

Hasta mediados de los años setenta del siglo pasado, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría consideraba desviado todo acto sexual que no fuera la penetración del pene en la vagina. Con tal juicio clínico no es de extrañar que noventa de cada cien estadounidenses necesitasen un psiquiatra. Es decir, aquellos que podían permitírselo.

Ella era una persona con la que nunca hubiera imaginado congeniar. Todo lo contrario a lo que siempre había deseado. Y sin embargo estaba allí y me iba a ayudar hasta las últimas consecuencias.

Si lo hubiera soñado y deseado intensamente no hubiera podido disfrutarlo tanto.

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