CONDENADO

Te desprecio, claro que te desprecio. No hay situación en la que no lo haga. En las marismas, en el rápido, sobre las corregüelas, en los aperos… En todos sitios cultivo bien esa visión que ahora me ciega, en efecto, por mis jodidas impaciencias. Ahora, más bien te arrojaba lejos de ellas. Como un maniático por haberle sacado de la cama con tu arte y tu tecnología. Pero ella fue más frívola que tú. Eres más bendito entre las murallas que entonces. Esas murallas que tu hermana, con gesto infernal, había decorado con cristos antes de concluir su inocente obra. Ahora asoma con gesto astuto pero enternecida por la riqueza, por la juventud. No finjamos más bendiciones. La maldad es horrible. Basta de cánticos. Ahora la detendríamos mientras cantaba salvaje. En cada vuelo seré un hombre más experimentado, de algo habría de servirme decorar mi pupila de lágrimas.