Alí Cortázar. Diario desbordado. 1898.

Entonces salió y esperó a que le llamasen por su turno. Nada parecía motivar a los demás en la sala de espera. Ni siquiera la curiosidad de saber quienes eran los demás y que hacían allí. Cuáles eran sus papeles en aquella pantomima, en aquel drama victoriano.