El sueño eterno

De Lorenzo Stone se decía que poseía la moral de un empresario de pompas fúnebres. Pero nadie le consideraba capaz de otro tipo de monstruosidad que la de aprovecharse lucrativamente del dolor ajeno. Sin embargo, los hechos demostraron lo contrario.

Aquella mañana había salido temprano para sus costumbres. Cruzó la calle de la Ballesta y se dirigió a la Gran vía. Yo le seguí intrigado.

Cuando hoy rememoro aquel día aún siento escalofríos. Dicen que existen infinidad de universos paralelos y que, en todos ellos, suceden los mismos acontecimientos, de forma simultánea. Al pensar en ello no he podido evitar una sensación de vértigo, de náusea. Imaginar estos hechos repetidos infinitamente en los infinitos universos paralelos me ha dejado en una zozobra insoportable y, exhausta la mente, he olvidado mis otros yoes paralelos, esos sosias de pacotilla que me suplantan ad nauseam en el cuánticamente repetido poliverso, como ahora le llaman.

Lo que uno no espera es encontrarse así, de repente y sin previo aviso, con unos cuantos de esos sosias al doblar la esquina. Dicen que este encuentro es posible, pero nadie lo había verificado, hasta ahora. Según los físicos es, teóricamente, aniquilador. Una especie de materia se anula con otra especie de antimateria y tiene unas consecuencias imprevisibles. Así fué. Quién sabe en que universo me encuentro yo ahora, pero lo cierto es que nada tiene en común con el que yo conocía, aquel en el que me sentía seguro y confiado, como un primogénito amamantado.

Evocaba la piadosa ciudad de Calabra mientras caminaba por unas calles que debieron ser como aquella pero que ahora se presentaban con toda la brutalidad de una urbe inmunda del siglo XXI y, de repente, allí estaba yo, frente a mí mismo, sólo que ese otro yo se llamaba Lorenzo Stone.

Un comentario sobre “El sueño eterno

  1. The eternal dream
    Of Lorenzo Stone one said that it had the moral of an industralist of funeral pomps. But nobody him considered able of another type of monstruosidad that the one to take advantage of the other people’s pain lucratively. Nevertheless, the facts emonstrated the opposite.
    That morning had left early for its customs. It crossed the street of the crossbow and one went to the Great one via. I to him followed intrigued.
    When today I recall that day still I feel chills. They say that they exist infinity of parallel universes and that, in all of them, happen events such, of simultaneous form. When thinking about it I have not been able to avoid a vertigo sensation, of nausea. To imagine these repeated facts infinitely in the parallel universal infinites has left me in an unbearable sinking and, exhausted the mind, I have forgotten my parallel others yoes, those counterparts of pacotilla that supplant ad to me nauseam in quantum repeated poliverso, as now they call to him.
    What one does not hope is to be thus, suddenly and without previous warning, with a few of those counterparts when doubling the corner. They say that this encounter is possible, but nobody had verified it, until now. According to the physicists he is, theoretically, annihilating. A species of matter is annulled with another antimatter species and has unforseeable consequences. Thus fué. Who knows in that universal I now am, but the certain thing is that nothing has in common with which I knew, that in whom felt safe and trusted to me, like a first-born nursing.
    It evoked the pious city of Calabra while it walked by streets that had to be like but which now they appeared with all the brutality of an impure large city of century XXI and, suddenly, she was I there, in front of same, single me that that other I was called Lorenzo Stone.

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