Amante de alquiler

Aquel fatal diluvio, de cándidos desdenes,
en que dejabas mis lánguidas vidrieras
—lóbrego lago de lágrima empedrado—
oh reina violeta que ahuyenta la alegría
al pálido palacio del débil desconsuelo,
tranquilo solloza en el equívoco camino
de la horrible cizaña de mi almohada
y la virginal zarza de látex de tu sexo
—satén erótico y de musgo perfumado
sobre el seto oxidado del afanoso otoño—
al mudo cobijo de tus bosques axilares
—apetitos tallados en el tórrido caucho—
en el regazo pérfido del cuello.
¡Oh muñeca de goma y amante de alquiler!

3 comentarios sobre “Amante de alquiler

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  1. Bueno, tras un pequeño forcejeo, consigo entrar para saludarte y decirte que este poema, más que entenderse se huele, demasiado plástico. jaja

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