Mohyiddin ibn Arabi

Convivimos juntos durante mucho tiempo en el desértico Mohenjo-Daro, de donde él era hijo predilecto y había formado parte del consejo de los ilustres gracias a su inefable capacidad de ilusionista para manipular al pueblo. Compartimos también la torturante aventura de escribir un libro para deleite de concubinas, a causa del cual fue expulsado del citado ilustre consejo. Cada vez que lo acompañaba en sus correrías y lances entre las doncellas de los bajos fondos era un viaje a los infiernos. Las más bellas eran lisonjeadas hasta caer rendidas entre sus cinco extremidades. Como un Moisés, las arrastraba hasta el desierto y allí, bajo las condiciones más extremas pero al abrigo de su tienda, era sacrificada su virginidad.